Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, el 32,9% de los niños, niñas y adolescentes que viven en los hogares de ingresos más bajos reportan dificultades para hacer amistades, frente al 19,2% entre quienes crecen en hogares de mayores recursos (UCA, 2025). Este dato revela que la pobreza no es solo una cuestión material: afecta la posibilidad de construir redes sociales básicas para la infancia.

¿Por qué “no tener amigos” aparece como indicador de pobreza?

La respuesta del estudio mezcla lo visible y lo cotidiano. La UCA encuentra que las privaciones materiales influyen: el 58,3% de las infancias en estratos de menores ingresos experimentó privaciones por problemas económicos, contra 17,8% en el estrato más alto (UCA, 2025). Además, el 12,3% dijo no poder vestirse como sus pares y el 6,9% sufre por ello, lo que dificulta la integración social (UCA). Vemos que el hábitat importa: el hacinamiento pasó del 18,3% en 2024 al 20,9% en 2025; el salto más marcado fue entre adolescentes de 13 a 17 años, que subieron del 14,4% al 22,9% en un año, un aumento de 8,5 puntos porcentuales (UCA). Estos factores hacen más costoso y menos frecuente el encuentro entre pares.

¿Cómo impactan las políticas económicas en la vida social de la infancia?

Las decisiones sobre empleo, transferencias y tarifas repercuten en el tiempo de cuidado y en la capacidad de las familias para sostener actividades sociales. La UCA muestra que la práctica deportiva y cultural también está fuertemente estratificada: el 85,3% de los niños del estrato más bajo no realiza ninguna actividad deportiva, frente al 34,1% en los estratos altos; en actividades culturales, las cifras son 86,6% y 68,8% respectivamente (UCA, 2025). A su vez, la inseguridad alimentaria total cayó a 28,8% en 2025, desde un pico de 35,5% en 2024, gracias en parte a transferencias como la Tarjeta Alimentar extendida a adolescentes (UCA). Esto demuestra que las políticas focalizadas reducen privaciones materiales y, potencialmente, facilitan la sociabilidad infantil. Pero también observamos que las brechas estructurales persisten: la inseguridad alimentaria severa en 2025 fue 13,2%, aún por encima de registros previos a 2017 (UCA).

¿Qué políticas necesitamos para recomponer redes y oportunidades?

No alcanza con paliativos: hay que unir medidas de ingreso con políticas públicas de tiempo y espacio para la infancia. Primero, mantener y focalizar transferencias que corrigen privaciones inmediatas; la reducción de inseguridad alimentaria entre 2024 y 2025 muestra que funcionan (UCA). Segundo, políticas que protejan el salario y el empleo de los cuidadores: empleo de mala calidad y jornadas extensas erosionan la posibilidad de organizar encuentros y actividades extras. Tercero, inversión en infraestructura social: reducir el déficit de saneamiento —que aumentó a 42,0% en 2025 desde 39,5% en 2024— y mejorar la habitabilidad son medidas que inciden directamente en la vida cotidiana de las infancias (UCA). Vemos que las soluciones requieren coordinación entre salud, educación, vivienda y políticas sociales.

Prioridades reales y nuestra posición editorial

Las prioridades fiscales y tarifarias no son neutrales frente a la infancia. Apoyamos topes temporales y focalizados a aumentos tarifarios que protejan salario y consumo, manteniendo la tarifa social y sin recortar jubilaciones; al mismo tiempo, defendemos transferencias focalizadas y programas que recuperen tiempo de cuidado y acceso a actividades para la niñez. Proteger el ingreso y mejorar la infraestructura social es una inversión en capital humano y en tejido social: no permitir que la pobreza se traduzca en aislamiento es parte de construir una sociedad con mayor igualdad de oportunidades.