El peso argentino cerró abril en $1.391 por dólar mayorista, casi $64 por debajo del nivel con que empezó el año, y acumuló una apreciación real cercana al 16% si se ajusta por la inflación del primer trimestre de 9,4% —según Ámbito e INDEC—. Ese dato resume el fenómeno: una moneda que gana terreno en un país con larga historia de devaluaciones, pero cuya fortaleza se apoya en factores que pueden ser temporales o distorsivos.
¿Por qué se apreció el peso y qué hay detrás de esos dólares?
Vemos tres motores claros. Primero, la agroindustria: la campaña 2025/26 rumbo a un récord de 144 millones de toneladas y proyecciones de ingresos por exportaciones agrícolas por USD 34.500 millones para todo el año, según la Bolsa de Comercio de Rosario, explican una parte sustantiva del exceso de oferta. Segundo, Vaca Muerta: se proyectan exportaciones energéticas entre USD 8.000 y 9.000 millones en 2026 y un superávit energético cercano a USD 9.000 millones, lo que implica divisas estables a lo largo del año. Tercero, el canal financiero: las obligaciones negociables emitidas desde las elecciones por USD 9.900 millones, con USD 6.800 millones ya ingresados al mercado local, contribuyeron a la liquidez de dólares, según declaraciones de Vladimir Werning citadas por Ámbito.
¿Qué papel jugó el Banco Central y cuánto dura la fiesta?
El Banco Central no fue espectador: desde enero acumuló compras por cerca de USD 7.100 millones al cierre de abril, equivalente al 71% de la meta anual de USD 10.000 millones, y absorbió USD 2.700 millones solo en abril, según Ámbito y reportes del BCRA. Las reservas brutas superaron los USD 44.000 millones y llegaron a más de USD 46.900 millones en febrero antes de retroceder a USD 44.500 millones en abril, mostrando que compras y pagos coexisten. El ministro Luis Caputo estimó que, sin esas compras, el peso sería aproximadamente 20% más fuerte —dato citado por Ámbito—, lo que sugiere que gran parte de la “calma” cambiaria depende de la intervención y de restricciones todavía vigentes sobre compra de divisas empresarias.
Riesgos macro y sectoriales: inflación, competitividad y vencimientos
La estabilidad nominal convive con una inflación que preocupa: 9,4% en el primer trimestre y un marzo con 3,4% mensual; el acumulado interanual llegó al 32,6%, según INDEC. Esa aceleración —diez meses consecutivos en alza según reportes— erosiona la competitividad; el tipo de cambio real multilateral cedió frente a una caída nominal del dólar del 4,9% en el periodo (según Ámbito). Además, los vencimientos del Tesoro y del BCRA por cerca de USD 3.200 millones en el segundo trimestre representan drenajes que pueden neutralizar compras futuras. A nivel regional, monedas como el real ganaron 10,8% y el peso chileno subió cerca de 4%, pero en Argentina la diferencia es que parte del flujo es real (granos y energía) y no solo portafolio, lo que matiza las comparaciones, según Ámbito y la Bolsa de Comercio de Rosario.
Qué debería hacer la política económica: una receta pragmática
Apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA. En la práctica, eso implica: 1) publicar origen y destino de compras de divisas y evitar que el BCRA financie obligaciones fiscales de corto plazo; 2) poner sobre la mesa un sendero fiscal creíble que reduzca la necesidad de intervención permanente; y 3) levantar restricciones redundantes que distorsionan señales de precio y dañan a exportadores no ligados a commodities. Si la acumulación viene acompañada de estas condiciones, puede ser útil; si no, la apreciación será una calma con fecha de vencimiento.
En síntesis, el primer cuatrimestre dejó al peso como el activo ganador, pero la pregunta central es si esa victoria es estructural o una combinación de viento de cola agrícola, crecimiento de Vaca Muerta, flujos financieros y compras del BCRA. Los números —según BCRA, INDEC y la Bolsa de Comercio de Rosario— muestran posibilidades, no garantías. La política económica debe convertir esos dólares en anclas duraderas, no en un parche temporal que postergue ajustes inevitables.