El Banco Central compró u$s110 millones el viernes 8 de mayo, el mayor monto diario del mes, y las reservas brutas cerraron en u$s46.056 millones, una mejora de u$s105 millones en la jornada, según el BCRA. Con ese movimiento el saldo comprador acumulado en mayo llegó a u$s330 millones y las compras netas en lo que va del año alcanzaron u$s7.481 millones, de acuerdo a la autoridad monetaria. El mayorista cerró en $1.398, al alza 0,14% (equivalente a $2), y el REM del BCRA corrigió la proyección para mayo de $1.449 a $1.410, según el propio relevamiento. Parte de la liquidez provino de emisiones en dólares que ya superan los u$s1.100 millones en mayo, con una colocación de la Ciudad por u$s500 millones, según Aldazabal & Cía.
¿Significa esto que el problema cambiario desapareció?
No. Vemos avances puntuales en la cuenta de reservas pero no una solución definitiva al desbalance macro. Las compras de u$s110 millones y el saldo comprador de u$s330 millones en mayo son datos positivos según el BCRA, pero gran parte del flujo se explica por oferta privada y emisiones en dólares por u$s1.100 millones en lo que va del mes, según Aldazabal & Cía. Esa composición importa: si la recomposición depende de colocaciones externas o de ventas puntuales del sector privado, la fragilidad persiste ante un shock externo o cuando cesen las emisiones. Además, el mayorista rozó los $1.400 por cuarta rueda consecutiva, lo que indica que la presión cambiaria sigue presente en el mercado doméstico, pese a la mejora de reservas, según Ámbito y reportes del BCRA.
¿Qué condiciones necesitamos para que esta acumulación sea sostenible?
La acumulación de reservas solo suma si está respaldada por anclas fiscales y por señales de independencia del BCRA. Las compras YTD de u$s7.481 millones y la mejora diaria de u$s105 millones, reportadas por el BCRA, no son garantía por sí mismas. Necesitamos tres condiciones claras: primero, transparencia sobre el origen de las divisas para descartar financiamiento encubierto del Tesoro; segundo, un sendero fiscal que reduzca el déficit para evitar que la autoridad monetaria termine monetizando las compras; tercero, mayor autonomía del BCRA frente al Tesoro para que la política monetaria no sea subordinada a necesidades de caja. Sin esas condiciones, la recomposición puede transformarse en un parche temporal y reactivar la volatilidad cuando cambie el flujo de capitales.
¿Cómo impacta esto en el bolsillo y en los mercados?
Para el ahorrista y el mercado la noticia reduce momentáneamente la probabilidad de una devaluación abrupta, pero no elimina el riesgo estructural. El dólar mayorista a $1.398 y la corrección del REM de $1.449 a $1.410 para mayo muestran expectativas más benignas en el corto plazo, según el REM del BCRA. Sin embargo, si la oferta que permitió las compras proviene de emisiones que podrían retirarse o de operaciones puntuales, la presión sobre los tipos paralelos podría reaparecer. En los instrumentos financieros, una acumulación genuina y transparente suele reducir el riesgo país y la prima de riesgo; en cambio, acumulaciones percibidas como encubiertas o temporales apenas diluyen la desconfianza. Por eso insistimos: reservas en alza son buenas noticias, pero su valor real depende de cómo y por qué se compraron.