Cavallo dijo lo que muchos piensan pero pocos se atreven a vocalizar: no hay reservas suficientes para sostener una liberalización cambiaria plena y detener una corrida. El ex ministro fijó un umbral concreto: US$10.000 millones netos para que el Banco Central tenga capacidad de intervención, y señaló que hasta ese piso no se podrá confiar en la estabilidad cambiaria (declaraciones en AhoraPlay). Al mismo tiempo el Gobierno apunta a sumar US$8.000 millones más para fin de año en el marco del acuerdo con el FMI. Estos números condicionan cualquier decisión sobre el cepo.
¿De qué depende realmente levantar el cepo?
La respuesta no es técnica solamente: depende de reservas, de credibilidad y de la forma en que se financie cualquier acumulación de divisas. Cavallo sostuvo que sin divisas propias no se puede parar una corrida, y puso el número de US$10.000 millones netos como condición para tener margen de maniobra (AhoraPlay). En lo que va del año el Banco Central ya compró más de US$7.000 millones, pero sigue peleando por superar los US$46.000 millones de reservas brutas que declara la autoridad monetaria (según el BCRA). Esa brecha entre lo que hay y lo que se considera suficiente explica por qué la apertura total del cepo a empresas y giros resultaría, en su lectura, imprudente. La comparación entre el saldo actual y el umbral que reclama Cavallo es la que explica el tono de alarma: no es un desacuerdo ideológico, es una disputa sobre capacidad financiera.
Reservas, mercado y credibilidad
Desde la lente del mercado, la pregunta es simple: cómo reaccionarían los inversores institucionales si se anunciara una liberalización sin un respaldo de reservas creíble. Cavallo advierte que sin reservas netas suficientes no bajará el riesgo país ni volverá el acceso voluntario a mercados de deuda, y que la mera intención de abrir el cepo puede provocar la corrida que se pretende evitar. El Gobierno, por su parte, sostiene metas con el FMI para sumar US$8.000 millones adicionales antes de fin de año, objetivo que implica ritmo y transparencia en las compras (acuerdo con el FMI). Aquí aparece la tensión clave: acumular reservas puede ser conveniente, pero solo si no constituye financiamiento encubierto del Tesoro ni erosiona la independencia del Banco Central. Si las compras se perciben como maquillaje, el efecto sobre la credibilidad será opuesto al buscado.
¿Qué deberían hacer Milei y Caputo?
La decisión política no puede soslayar ni la técnica ni el calendario electoral. Vemos tres prioridades: 1) transparentar las compras de divisas y publicar con detalle su origen y su costo; 2) anclar la estrategia en reglas fiscales que reduzcan la necesidad de financiamiento del Tesoro vía BCRA; 3) fortalecer la autonomía del banco central para que su intervención sea creíble. Sin esas condiciones, abrir el cepo sería jugar a la ruleta rusa con el tipo de cambio. Apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA. En términos políticos, hay que explicar a la sociedad que sin pesos sanos en circulación no habrá recuperación sostenible, pero tampoco hay garantías de estabilidad si la liberalización se hace sin blindaje financiero. Es un problema técnico con consecuencias sociales y electorales: la forma importa tanto como el objetivo.