El 60% de la liquidez en pesos de los hogares está colocado en cuentas remuneradas y depósitos equivalentes, una proporción que, según Ámbito, creció casi 8 puntos porcentuales en 2025 y que los economistas estiman convierte en alrededor de u$s6.000 millones anuales medidos en dólares. Ese dato resume el riesgo: pesos líquidos que hoy rinden y contienen la demanda de dólares pueden convertirse en una ola de compra si la percepción sobre el atraso cambiario cambia.

¿Qué está pasando con la liquidez y por qué importa?

Lo central es la velocidad de conversión: hablamos de pesos en instrumentos con extrema liquidez, listos para convertirse en dólares en horas o días. Según Ámbito, el porcentaje de cuentas de pago con saldo en Fondos Comunes de Inversión llegó al 68,4% (citado en la nota). Además, el artículo menciona que el M3 privado del BCRA se mantuvo estable en términos reales mientras cayó el dinero transaccional y aumentaron los depósitos remunerados (BCRA citado por Ámbito). Es decir: no hay más dinero real circulando, pero sí hay más saldo que genera interés. Esa expansión de saldos, medida en dólares, se estima en u$s6.000 millones por año (Ámbito). Si el mercado empieza a percibir un atraso cambiario más pronunciado o una pérdida persistente del poder de compra por inflación, esa posición de espera puede acelerarse y presionar el tipo de cambio.

¿Significa esto que hay que pasarse al dólar ya?

No es automática la decisión. Hay dos efectos contrapuestos: por un lado, tasas que superan la devaluación nominal incentivan mantener pesos en cuentas remuneradas y alivian demanda inmediata de dólares (como comentó en la nota Federico Glustein). Por otro, si la renta en pesos es inferior a la inflación real, el ahorro pierde poder adquisitivo en términos de bienes, lo que puede empujar a la dolarización cuando cambie la percepción del riesgo. Andrés Reschini en la nota apuntó que esos pesos rinden menos que la inflación, y que si el mercado empieza a describir el carry trade como vulnerable, puede soltarlos. La decisión de dolarizar depende de tu horizonte y necesidades: para un fondo de emergencia no conviene estar 100% en activos ilíquidos; para ahorro de largo plazo conviene diversificar con parte en dólares o instrumentos indexados.

Qué podemos hacer hoy: acciones concretas y simples

Primero, mantener el fondo de emergencia equivalente a 3–6 meses de gastos y en instrumentos líquidos que preserven poder de compra. Segundo, priorizar el pago de deudas caras: reducir costos financieros es ahorro con rendimiento garantizado. Tercero, reservar parte del ahorro en dólares o en instrumentos indexados como cobertura, sin buscar timing perfecto; esto ya fue nuestra recomendación reciente y la mantenemos. Si se decide mover pesos a dólares, hacerlo escalonadamente (plan de compras) y aplicar la regla práctica de esperar 72 horas antes de compras impulsivas, para evitar pánicos. Evitar decisiones complejas que requieran monitoreo diario; la simplicidad gana en contextos volátiles. Finalmente, separar cuentas: una para gastos, otra para ahorro en pesos, otra para ahorro en dólares — facilita la disciplina.

Riesgos, costos de oportunidad y qué vigilar

El riesgo real aquí no es la existencia de cuentas remuneradas, sino que cambie la percepción sobre el tipo de cambio y se desencadene una demanda masiva de divisas. Según la nota, la proporción de liquidez remunerada aumentó casi 8 p.p en 2025 y hoy representa el 60% del total (Ámbito). Eso crea una bomba de tiempo si la política no acompaña con reservas netas crecientes, inflación a la baja y tasas reales razonables. El costo de oportunidad de quedarse en pesos que rinden por debajo de la inflación es perder poder de compra; el costo de oportunidad de dolarizarse es dejar de aprovechar tasas domésticas altas y posibles retornos en pesos. Vigilar tres variables: reservas netas del BCRA, inflación mensual y la brecha entre tasa nominal y ritmo de devaluación. Si empiezan a moverse en sentido adverso, ajustar la porción en dólares de forma planificada.

En resumen: no hay que entrar en pánico, pero tampoco ignorar el riesgo. Mantener el fondo de emergencia de 3–6 meses, priorizar reducción de deudas caras y reservar una porción del ahorro en dólares o instrumentos indexados es la estrategia práctica y coherente con lo que venimos sosteniendo.