La gasolina en Estados Unidos subió a u$s4,45 por galón —el valor informado por la American Automobile Association (AAA) el 3/5/2026—, con un incremento de u$s0,34 respecto de la semana previa y una suba acumulada de u$s1,47 desde el 28/2/2026 (AAA). Ese salto se produce en un contexto de bloqueo y tensiones en el estrecho de Ormuz que empuja al barril Brent por encima de u$s114 (datos de mercado, 3/5/2026) y eleva también el precio del diésel a u$s5,64 por galón desde u$s3,76 a fines de febrero (AAA). Observamos que el choque es esencialmente de oferta: restricciones en un punto estratégico generan prima de riesgo en los hidrocarburos y trasladan costos a hogares y transportistas.
¿Qué está pasando en Ormuz y por qué sube la nafta?
El estrecho de Ormuz es un cuello de botella crítico: alrededor del 20% del petróleo comercializado internacionalmente pasa por allí, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA). Cuando las embarcaciones enfrentan bloqueos o riesgos militares, los traders descuentan menor oferta disponible y el Brent incorpora una prima geopolítica; eso es lo que observamos con los precios por encima de u$s114 por barril (cotizaciones de mercado, 3/5/2026). En la práctica, una interrupción real o el temor sostenido trasladan costos al combustible minorista y al diésel, que es clave para la logística. En EEUU la respuesta de oferta (refinerías, inventarios) y la demanda estacional determinan cuánto y por cuánto tiempo se mantendrá la suba. Mientras tanto, minoristas intentan amortiguar márgenes, pero la magnitud del alza limita ese recurso (reportes AAA).
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
La transmisión llega por dos canales claros: precios relativos internacionales y presión sobre la balanza de pagos. En el corto plazo, la suba del petróleo y combustibles eleva el costo del transporte y de insumos agroindustriales, lo que puede trasladarse a precios locales si la tendencia se mantiene. Además, un mayor precio internacional del crudo afecta importaciones energéticas y, por ende, las reservas netas del BCRA si la economía requiere comprar más dólares para cubrir combustibles. Observamos que, ante choques externos, la política local suele recurrir a subsidios o controles de precios; esa respuesta tiene costo fiscal y puede prescindir de anclas claras. Por eso es relevante vincular esta vulnerabilidad externa con la necesidad de reservas gestionadas con transparencia y sin constituir financiamiento encubierto del Tesoro.
¿Qué deberían hacer las autoridades?
La respuesta debe combinar dos prioridades: proteger a los más vulnerables y preservar consistencia macro. Recomendamos medidas focalizadas de apoyo a sectores de bajos ingresos para mitigar el golpe del transporte y la canasta básica, en lugar de subsidios generalizados que aumentan el déficit. En paralelo, es clave no usar las compras de reservas como mecanismo opaco de financiamiento fiscal: apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA. En el frente cambiario, evitar controles adicionales que generen brecha es preferible; el cepo distorsiona precios relativos y desalienta inversiones. Finalmente, conviene fortalecer mecanismos de ahorro y coberturas en dólares para empresas logísticas y exportadoras, y coordinar con organismos internacionales para gestionar volatilidad de precios energéticos.