Fitch Ratings elevó la calificación de la deuda argentina de “CCC+” a “B-”, reconociendo reformas y una mayor acumulación de reservas, pero advirtiendo que la inflación y la débil liquidez internacional siguen siendo limitantes (según Fitch Ratings). Vemos que la noticia puede ayudar a reducir costos de financiamiento, pero no es una vacuna contra los riesgos estructurales que enfrenta la economía. Las medidas de corto plazo que mejoran indicadores externos deben evaluarse por su impacto social: no apoyamos acumular reservas a costa de recortar salarios o jubilaciones.

¿Qué dijo Fitch y por qué importa?

Fitch destacó “mejoras estructurales en balances fiscales y externos, avances en reformas económicas y mejores perspectivas para la acumulación de reservas” como factores para el upgrade (según Fitch Ratings). La agencia también señaló que la calificación permanece en grado especulativo y que la posición de liquidez internacional sigue débil. Entre los datos concretos de la coyuntura, el Gobierno compró u$s819 millones en Derechos Especiales de Giro (DEGs) para cubrir vencimientos de mayo —operación confirmada por el FMI— y la calificadora recuerda que los vencimientos de deuda siguen siendo considerables. Para nosotros, estos elementos explican por qué el mercado reacciona positivamente, pero también por qué la agencia mantiene cautela: una mejora de calificación que aún no elimina la exposición a shocks externos.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La subida a B- puede reducir el costo de endeudamiento y facilitar la colocación de títulos. En ese sentido, el Banco Nación lanzó una emisión por hasta u$s1.500 millones, su primer regreso al mercado de deuda en más de 30 años (según comunicado del Banco Nación). Eso puede ayudar a cubrir vencimientos y a dar señal a inversores privados, pero el efecto sobre tasas y crédito dependerá de si la mejora se traduce en flujo sostenible de divisas y no solo en operaciones puntuales. Observamos además episodios de volatilidad: en la jornada previa, uno de los principales Cedears de comercio electrónico cayó 15% en la bolsa local (nota del 5/5/2026), lo que recuerda que la confianza es frágil y sectorialmente desigual.

¿Qué riesgos quedan y a quiénes afectan?

Fitch advierte altos niveles de inflación y un historial de inestabilidad macro que condicionan la política económica (según Fitch Ratings). Esa combinación tiende a redistribuir ingresos: de asalariados y jubilados hacia quienes perciben ingresos vinculados al comercio exterior o la renta financiera. Vemos riesgo distributivo real: la desinflación que “encuentra resistencia” —como lo expresa la agencia— suele implicar ajustes que golpean el salario real si no se diseñan mecanismos compensatorios. Además, la fragilidad de la liquidez externa deja a la economía vulnerable ante crisis de confianza; por eso las compras de DEGs por u$s819 millones (FMI) y la emisión del Banco Nación (u$s1.500 millones) son pasos necesarios pero insuficientes para cubrir todos los vencimientos y estabilizar expectativas.

Qué proponemos: reservas sí, pero sin ajustar salarios ni jubilaciones

Apoyamos la acumulación ordenada de reservas y la búsqueda de financiamiento, siempre y cuando no se haga a costa del ingreso de los trabajadores y jubilados. Reafirmamos nuestra posición previa: reservas y orden externo acompañados por topes temporales y focalizados a aumentos tarifarios, reempadronamiento de beneficiarios y mayor transparencia fiscal (posiciones del 5/5/2026). Además proponemos condicionar emisiones y acuerdos con acreedores a compromisos de protección social y mayor inversión en infraestructura productiva para que la competitividad sea por productividad, no por salarios deprimidos. En suma, la mejora de Fitch es bienvenida como señal, pero la política debe combinar estabilidad externa con medidas que preserven el poder adquisitivo y la demanda interna.