Según Esteban Domecq, la economía puede crecer 2,5% en 2026, pero ese promedio oculta sectores que caen 10% mientras otros crecen más de 20% (Esteban Domecq, Comité de Inversiones de SyC Inversiones, 13/5/2026). Esa tensión —entre acumular reservas, bajar la inflación y recuperar actividad— es el núcleo del trilema que describió el economista y que hoy define la agenda pública.
¿Qué dijo Domecq y por qué importa?
Domecq definió el escenario como una etapa de “alta tensión macroeconómica” y puso en primer plano el conflicto entre acumulación de reservas y proceso de desinflación: acumular reservas es necesario, pero el ritmo y el anclaje cambiario condicionan la dinámica de precios (Esteban Domecq, 13/5/2026). También señaló un cambio en las prioridades sociales: “el trabajo de Milei era terminar con la inflación, pero hoy la sociedad empieza a decir: me importa llegar a fin de mes, recuperar el consumo y cuidar mi trabajo” (13/5/2026). El dato cuantitativo que dejó la charla —una proyección anual de 2,5% para 2026 y ejemplos de sectores cayendo 10% y otros creciendo 20%— evidencia la fragmentación interna que complica políticas únicas. Estas observaciones importan porque obligan a compatibilizar estabilidad externa con sostenimiento del mercado interno, no a elegir uno solo.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
La fragmentación que describe Domecq significa que una estabilización demasiado ortodoxa puede profundizar la recesión en actividades orientadas al mercado interno. Si sectores enteros pierden 10% interanual mientras otros exportadores crecen 20% (ejemplo citado por Domecq, 13/5/2026), el efecto neto sobre el empleo y el ingreso real puede ser negativo, aunque el PIB muestre un número moderado positivo. Además, Domecq recordó que las tasas de interés internacionales seguirán elevadas, lo que dificulta volver con facilidad al mercado de capitales (13/5/2026). Para nosotros, la pregunta relevante es distributiva: ¿quién paga la cuenta de la estabilización? Si la respuesta son jubilados, asalariados o pequeñas empresas, la recuperación será más débil y más desigual. Por eso las políticas que priorizan reservas sin instrumentos compensatorios sobre el ingreso son políticamente insostenibles y económicamente ineficientes.
¿Qué camino proponemos para compatibilizar reservas, inflación y empleo?
Rechazamos financiar la estabilización con recortes a jubilaciones o salarios. En línea con nuestras posiciones recientes, proponemos un reempadronamiento de beneficiarios de programas y transferencias para cerrar fugas de gasto ineficiente, y el uso focalizado del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para proteger empleo, producción y consumo en sectores en recesión. Ese uso del FGS debe ser temporal, condicionado a metas de preservación del empleo y reconversión productiva, y sujeto a control público. Acompañamos esa medida con una política cambiaria administrada que permita acumular reservas sin asfixiar la demanda interna y con crédito productivo dirigido a cadenas de valor intensivas en empleo. Como dijo Domecq, buscar una inflación muy baja a cualquier costo puede traer una paz que no queremos; la meta tiene que ser un sendero gradual que combine desinflación con recuperación de la actividad (Domecq, 13/5/2026).
Cerramos recordando que la política económica debe medir resultados en términos de empleo y poder adquisitivo, no solo en reservas o tasas. El diagnóstico de Domecq nos obliga a dejar de pensar en trade-offs abstractos y diseñar instrumentos que protejan a los que viven del salario y del trabajo mientras se reconstruyen las condiciones externas para crecer.