El mercado proyecta una devaluación anual del orden del 28,4% frente a una inflación a un año que las consultoras ubican en torno al 24,1% (REM del BCRA), lo que abre la posibilidad de que el tipo de cambio “le gane” a los precios en términos reales. Esta nota analiza por qué conviven expectativas tan dispares, qué variables decidirán el desenlace y qué deberíamos exigir a la política económica para que una suba del dólar no termine siendo un problema mayor.
¿Puede el dólar ganarle a la inflación?
Observamos señales mixtas entre consultoras y los precios de mercado. Según el REM del BCRA, la inflación esperada a un año es 24,1% (media de consultoras) y 26,5% para las 10 consultoras con más aciertos; en paralelo la media del mercado proyecta un dólar a $1.786 a un año —es decir, una devaluación del 28,4% anual— mientras las 10 consultoras top ven $1.697, equivalente a 22% anual (REM del BCRA). Por otro lado, el mercado de bonos arroja otra foto: comparando la tasa del bono T30A7 (28,4%) con la del bono ajustado por inflación TZXA7 (1,0%) se obtiene una inflación implícita de 28,3% anual (datos de mercado citados por iProfesional). Esa dispersión refleja distinta interpretación del riesgo real, liquidez y velocidad de la política monetaria. En resumen: no hay consenso; el dólar puede superar a la inflación si los precios financieros descuentan mayor depreciación o mayor premio por riesgo.
¿Qué factores empujarían el tipo de cambio por encima de la inflación?
Hay tres motores claros. Primero, el calendario electoral: para abril de 2027 habrá comicios provinciales y la orientación de los resultados modificará ‘el color del dinero’ y la demanda de dólares según iProfesional. Segundo, la estacionalidad de las liquidaciones de exportaciones: el flujo de divisas suele disminuir desde julio, lo que reduce oferta y presiona al alza si la demanda se mantiene; iProfesional señala que la liquidación cae después de julio. Tercero, la calidad de la acumulación de reservas. El artículo menciona que un mix de inversiones RIGI, emisión de obligaciones y mayor liquidación podría sostener el tipo de cambio; pero desde nuestra óptica esto solo es aceptable si la acumulación es transparente, sin financiamiento encubierto del Tesoro y acompañada de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA. Además, los bonos dollar-linked (TZV28 rinde 7,4%) y los bonos ajustados por inflación (TZX28 rinde 7,9%) muestran que el mercado espera diferencias pequeñas entre inflación y devaluación en el mediano plazo (diferencia de 0,47% anual, según iProfesional), lo que decanta la incertidumbre hacia eventos políticos o choques externos.
Qué implica para el ahorrista y para la política económica
Para el ahorrista, la lección es pragmática: si el dólar sube por encima de la inflación, los instrumentos en pesos necesitarán rendimientos reales superiores para evitar fuga hacia activos nominados en moneda extranjera. Hoy el artículo sugiere que el tipo de cambio ‘no sería grave’ entre $1.450 y $1.500 y que eso podría incentivar liquidación de exportadores (iProfesional), pero esa conclusión depende de confianza y reglas claras. Para la política macro, la consecuencia política y técnica es que no alcanza con desear reservas: hay que demostrar que su acumulación no financia al Tesoro. Repetimos nuestra condición previa: apoyamos acumulación de reservas solo si es transparente, sin financiamiento encubierto del Tesoro y respaldada por anclas fiscales y mayor independencia del BCRA. Si no, una suba del dólar podría terminar en brecha cambiaria más alta, controles y pérdida de credibilidad, escenarios que ya conocemos en la historia argentina.