Créditos en dólares: el riesgo del descalce cambiario y por qué las empresas no se endeudan
Economistas advierten que flexibilizar préstamos en dólares sin resolver el acceso al MULC genera descalce y costos extras. Además, la demanda no aparece: los empresarios prefieren esperar.
La decisión de flexibilizar los créditos en dólares para empresas que no generan divisas propias generó más dudas que certezas entre los economistas. En un contexto donde el Banco Central mantiene restricciones para comprar dólares en el mercado oficial, surge una pregunta central: ¿cómo harán esas compañías para devolver los préstamos cuando venza el plazo?
En +Perfil, Santiago Llull planteó la contradicción de frente: “Hay una incongruencia muy grande. ¿Cómo puedo? Te doy los dólares y te los presto, pero no te los dejo comprar”. Esa brecha implica que las firmas deberán recurrir al dólar blue, al contado con liquidación o a otros mecanismos más caros, sumando ese costo extra a la tasa de interés del crédito. En la práctica, un préstamo que parece barato termina siendo mucho más oneroso.
Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, fue más allá y alertó sobre el riesgo sistémico. “Nosotros no podemos emitir dólares y, en la medida que vos tomás préstamos en dólares y vas a generar más depósitos en dólares y más préstamos en dólares, esa creación secundaria de divisa que no la tenemos respaldada me parece que es altamente riesgosa”, explicó. Para Barbero, este tipo de medidas serían razonables recién en una etapa posterior de la economía, cuando haya mayor estabilidad y reservas sólidas.
Desde la perspectiva de la demanda, Luis Secco, director de Perspectivas Económicas, fue contundente: ofrecer más crédito no garantiza que alguien lo tome. “Uno puede intentar aumentar la oferta de crédito, pero después la que va a movilizar al mercado es la demanda”, señaló. Según el economista, volvió a instalarse una conducta de espera entre empresas y familias. “Empiezo a escuchar ahora de manera recurrente más gente que te dice: ‘Bueno, vamos a esperar’”, contó.
Esa postergación no es gratis. Secco invita a ponerlo en un Excel: cada mes de espera implica perder oportunidades de inversión, aumento de costos o simplemente inflación que licúa la capacidad de endeudamiento futuro. Pero la principal traba, según él, es la brecha entre el discurso oficial y la realidad que perciben los agentes económicos.
“La distancia que hay entre el discurso épico triunfal de que hicimos todo y la realidad percibida lleva a que sea menos efectivo el Gobierno a cambiar las expectativas”, afirmó. En lugar de épica, Secco reclama avanzar en los temas pendientes: levantar progresivamente las restricciones cambiarias, corregir tarifas y otros precios relativos que siguen distorsionados. “Tiene que desmoligerar un poco esa épica triunfal y tratar de afectar esas expectativas explicando bien por qué va a ser mejor el futuro”, sostuvo.
Barbero coincidió en que las expectativas no se cambian solo con política monetaria. “Las expectativas que nos van a cambiar esa volatilidad las tenemos que buscar en el Gabinete de ministros”, dijo. Es decir, se necesita consistencia en el conjunto de las políticas: fiscal, cambiaria, tarifaria e industrial.
El impacto en el bolsillo y en las decisiones de las PyMEs
Para una empresa industrial o de servicios que no exporta, tomar un crédito en dólares hoy implica apostar a que el tipo de cambio se mantenga relativamente estable o que su facturación en pesos crezca por encima de la devaluación. Si la brecha cambiaria se mantiene o se amplía, el costo de repagar el préstamo puede volverse prohibitivo. Eso explica por qué, más allá de la oferta, la demanda no termina de despegar.
Desde la mirada productiva, este debate vuelve a poner sobre la mesa un problema estructural argentino: sin un tipo de cambio competitivo y previsible, y sin acceso fluido al MULC, es muy difícil que el crédito en dólares se convierta en una herramienta genuina de inversión y no en un riesgo de descalce. Mientras tanto, muchas PyMEs siguen financiándose en pesos a tasas altas o directamente postergando proyectos.
El mensaje de los economistas es claro: antes de flexibilizar la oferta de crédito en moneda extranjera, hace falta resolver los desequilibrios de fondo. De lo contrario, corremos el riesgo de repetir viejos problemas: endeudamiento que después se vuelve insostenible cuando llega la hora de pagar.