Dólar controlado para bajar la inflación: el esquema oficial hasta las elecciones
El economista Diego Piccardo explicó que el Gobierno prioriza la desinflación manteniendo el tipo de cambio estable. Cómo impacta esto en el bolsillo de los argentinos y qué rol juegan las reservas.
El Gobierno nacional mantiene como prioridad central la baja de la inflación, y para lograrlo considera indispensable tener el dólar bajo control. Así lo planteó Diego Piccardo, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, en su paso por Ronda de Economistas en +Perfil.
Según Piccardo, el esquema cambiario actual busca dar certidumbre hasta las elecciones de medio término. El tipo de cambio oficial se administra con devaluaciones diarias mínimas (el famoso crawling peg) mientras se acumulan reservas para sostener esa estrategia. El objetivo es evitar una corrección brusca que reactive la inercia inflacionaria.
El impacto en el salario real
Para los trabajadores y jubilados, un dólar “controlado” significa que los precios de los bienes importados y de aquellos que siguen su cotización no se disparan de golpe. Sin embargo, esto no elimina la pérdida de poder adquisitivo que viene sufriendo el salario real desde hace varios años. La inflación, aunque más baja que en 2023-2024, sigue licuando ingresos mes a mes.
Desde la mirada productiva, un tipo de cambio atrasado termina favoreciendo el consumo de bienes importados y complicando la competitividad de la industria local. Las PyMEs manufactureras vuelven a quejarse de que los costos internos suben más rápido que el dólar oficial, lo que erosiona márgenes y frena nuevas inversiones.
Reservas: el colchón que permite sostener el esquema
Piccardo destacó que las reservas del Banco Central son la herramienta clave para intervenir en el mercado cambiario y evitar saltos discontinuos. Mientras el BCRA pueda vender dólares en forma ordenada y mantenga cierta calma en la brecha entre el oficial y los dólares financieros, el plan se sostiene. Pero si las reservas netas vuelven a niveles críticos, la presión sobre el tipo de cambio se volverá difícil de contener.
¿Hasta cuándo alcanza este equilibrio?
El interrogante que queda abierto es si este “dólar controlado” logra bajar la inflación de manera estructural o solo la posterga. La experiencia argentina muestra que estabilizaciones cambiarias sin resolver los problemas de fondo (fiscal, inercial y de costos) suelen terminar en correcciones abruptas que pagan los sectores populares y las PyMEs.
En el corto plazo, el lector que tiene ahorros en pesos o está pagando cuotas debería seguir de cerca la evolución de la brecha cambiaria y las reservas. Un ensanchamiento significativo de esa brecha suele ser la señal de que el esquema está bajo presión y que puede venir un ajuste más fuerte.
Mientras tanto, la prioridad declarada del Gobierno sigue siendo clara: bajar la inflación aunque eso implique mantener el dólar oficial relativamente apreciado. El costo de esa decisión, como siempre, no se distribuye de manera igualitaria entre los distintos sectores de la economía.