Economía

La brecha entre exportadores y mercado interno: por qué la Argentina sigue desequilibrada

Un análisis de RDEco muestra cómo los sectores que venden al exterior ganan competitividad mientras el consumo interno se contrae. Qué significa esto para salarios, empleo y el bolsillo de la clase media.

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La industria argentina se encarece en dólares y presiona márgenes
(Propia)

La brecha entre los sectores exportadores y el mercado interno volvió a quedar en evidencia en el último análisis de Ronda de Economistas (RDEco). Mientras algunos rubros que venden al exterior logran mejorar sus números gracias a un tipo de cambio más competitivo, el consumo interno sigue deprimido y castiga a las empresas que producen para los argentinos.

Esta tensión no es nueva. Forma parte de la estructura productiva desequilibrada que describía Marcelo Diamand hace décadas: un sector agroexportador ultracompetitivo conviviendo con una industria que necesita un tipo de cambio alto para no perder rentabilidad frente a las importaciones. Hoy esa grieta se agranda otra vez.

Según los datos que presentó Lionel Fernández en el programa, los exportadores de commodities y manufacturas de origen agropecuario están viendo mejorar sus márgenes. El dólar exportador, sumado a los precios internacionales relativamente favorables en algunos rubros, les da un colchón. En cambio, las empresas orientadas al mercado interno sufren la caída del poder adquisitivo de los salarios y la contracción del consumo.

El impacto en el empleo y los salarios

Esta dinámica tiene ganadores y perdedores claros. Los perdedores son los trabajadores del mercado interno, PyMEs industriales y comercios. Cuando el salario real cae, la demanda se contrae y las empresas reducen producción o plantel. Los ganadores son los grandes exportadores que, al liquidar divisas, acumulan pesos que luego convierten en activos dolarizados o invierten en el exterior.

El resultado es una economía que “crece por afuera” pero se achica por adentro. Y eso es peligroso: sin mercado interno fuerte, la industria pierde escala, aumenta sus costos unitarios y termina dependiendo todavía más de las exportaciones. Es el círculo vicioso que venimos repitiendo hace décadas.

Presupuesto 2027: ¿qué dice de esta brecha?

El Presupuesto 2027, cuyas principales variables también fueron analizadas en RDEco, muestra un ajuste que prioriza el superávit fiscal pero con escasa inversión en políticas productivas orientadas al mercado interno. La reducción del gasto en obra pública, ciencia y tecnología y programas de desarrollo industrial profundiza la tendencia.

Mientras tanto, las retenciones y el manejo del tipo de cambio siguen siendo instrumentos clave para capturar renta de los exportadores. El debate es si esos recursos se usan para fortalecer las capacidades productivas del país o simplemente para cerrar las cuentas del Tesoro.

Qué significa para el bolsillo del lector

Para la familia de clase media de Almagro, de Córdoba o de Rosario esto se traduce en precios que suben más rápido que los salarios, cuotas que pesan más y la sensación de que “la economía va para otro lado”. Comprar un electrodoméstico fabricado en el país se vuelve más caro relativo al salario, mientras que los productos importados compiten con ventaja cuando el dólar está barato.

La pregunta central que surge del análisis de RDEco es siempre la misma: ¿a costa de qué se logra la estabilidad? Si la respuesta es licuando salarios y destruyendo demanda interna, el costo social es altísimo y la recuperación, frágil.

Necesitamos un tipo de cambio competitivo estable, pero también políticas que aseguren que esa competitividad se traduzca en inversión productiva, empleo de calidad y recuperación del poder adquisitivo. De lo contrario seguiremos con una economía bipartita: una que brilla en el balance de pagos y otra que se apaga en los supermercados y las fábricas del conurbano.

La historia argentina muestra que este desequilibrio no es sostenible a largo plazo. Tarde o temprano la falta de mercado interno termina golpeando también a los exportadores. La clave está en cerrar esa brecha con una estrategia productiva que integre ambos mundos en lugar de enfrentar uno contra el otro.

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