El dólar mayorista cotiza $1.375,5, acumula una baja de 5,6% en lo que va del año y se ubica claramente por debajo de la banda máxima de flotación de $1.688,7 (BCRA; iProfesional). Al mismo tiempo, el relevamiento de FocusEconomics muestra un promedio esperado para diciembre de $1.699,2, y varios bancos proyectan valores aún menores (por ejemplo, Barclays $1.335) lo que sugiere que los mercados internacionales ven menos presión cambiaria hacia fin de año (FocusEconomics).

¿Por cuánto tiempo puede sostenerse esta calma cambiaria?

La explicación operativa es simple: hay más oferta y menos demanda. La oferta viene por la cosecha gruesa y por empresas que deben liquidar obligaciones en dólares; el artículo cita u$s3.200 millones en ON por liquidar y un aumento de las exportaciones de maíz de casi 20% en marzo (INDEC; iProfesional). En la vereda de la demanda, las compras minoristas cayeron desde picos de u$s5.458 millones durante las elecciones de 2025 a menos de la mitad recientemente, según participantes del mercado citados por iProfesional. Además, el mercado de futuros refleja esa menor tensión: el contrato mayorista para diciembre en Rofex‑Matba cotiza alrededor de $1.605 (Rofex‑Matba). Estos flujos son reales pero, por definición, temporarios: la entrada ligada a cosecha y a emisiones corporativas suele concentrarse en un par de meses.

Si la oferta estacional declina y no aparece una nueva fuente (inversión, turismo, refinanciación de deuda), la calma se puede transformar en volatilidad. Por eso importa cuánto del ingreso de divisas vaya a reservas netas del BCRA y cuánto se use para financiar gasto o pago de deuda.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Un dólar que suba menos que la inflación implica un fortalecimiento real del peso. Los encuestados de FocusEconomics aumentaron su estimación de inflación a 29% para 2026 y anticipan una devaluación promedio de 16,8% en el año (FocusEconomics). Eso sugiere un atraso cambiario real que presiona sobre la competitividad de exportadores no agrícolas y sobre márgenes industriales. Además, la banda cambia diariamente en función de la inflación t‑2, lo que atenúa movimientos bruscos pero también puede esconder pérdidas de competitividad (BCRA).

Para el ahorrista y el importador, la lectura es distinta: tipos de cambio contenidos reducen el costo de bienes importados y frenarían la indexación inmediata, pero elevan el riesgo de futuras correcciones cambiarias si las reservas no aumentan de forma creíble. Desde nuestra perspectiva, apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales (posiciones previas).

Riesgos, señalizadores y recomendaciones

Los riesgos principales son externos y fiscales. En lo externo, una suba del precio del petróleo o un shock geopolítico (mencionado en relevamientos como factor de riesgo) puede alzar la inflación global y recortar la demanda por activos emergentes. En lo fiscal, si los ingresos por exportaciones o emisiones se usan para financiar gasto corriente, la acumulación de reservas será frágil. El mercado de futuros ya descuenta una depreciación menor (10,3% si se confirma Rofex) pero las expectativas pueden invertirse rápido si cambia el calendario de pagos de deuda o si la política pierde impulso (Rofex‑Matba; FocusEconomics).

¿Qué mirar en las próximas semanas? 1) la evolución de las reservas netas del BCRA y su desglose (compras del mercado versus swaps o operaciones con el Tesoro); 2) el ritmo de liquidación de la cosecha y las declaraciones juradas de exportaciones (INDEC); 3) la conducta fiscal y la cobertura del calendario de deuda. Exigimos transparencia en las operaciones cambiarias y en el uso de reservas: sin eso, la aparente tranquilidad puede ser sólo una pausa antes de una nueva tensión.

En síntesis, la encuesta y los futuros muestran que los mercados esperan un dólar relativamente estable hacia fin de año. Pero la estabilidad tiene condicionantes claros: flujos estacionales, disciplina fiscal y políticas del BCRA que no desemboquen en financiamiento encubierto del Tesoro. Sin esas condiciones, la apreciación real implícita por estas proyecciones será insostenible.