Las ventas en mayoristas cayeron 1,4% en marzo respecto al mes anterior, mientras que las de supermercados no registraron variación intermensual, según el INDEC. En términos interanuales la caída es notable: los mayoristas muestran una baja de 7,2% respecto a marzo de 2025 y los supermercados retroceden 5,1% en la misma comparación, datos que reflejan una pérdida de demanda real que ya viene acumulándose en el primer trimestre del año según el propio instituto estadístico.

¿Qué muestran los números?

Los datos del INDEC muestran una doble lectura: a precios constantes hay contracción real, pero a precios corrientes las ventas siguen subiendo por efecto inflación. El índice de mayoristas cayó 1,4% respecto a febrero y acumula una baja de 2,6% en enero-marzo versus igual período de 2025, mientras que el Índice de Supermercados no mostró variación mensual y acumula -3,1% en el trimestre (INDEC). En valores corrientes las ventas relevadas sumaron 374.252,8 millones de pesos en mayoristas y 2.464.000,0 millones de pesos en supermercados durante marzo, lo que evidencia que la expansión nominal no alcanza para compensar la caída en volumen de ventas (INDEC). Además, los rubros de alimentos presentan subas interanuales fuertes en precio y en facturación: carnes subieron 50,5% en mayoristas y 41,9% en supermercados, lo que mezcla efecto de precios y cambios en patrones de consumo según CEPEC.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La contracción real del consumo cambia la composición de la demanda y presiona a las cadenas de valor y al empleo en el comercio y la industria vinculada al retail. Cuando las familias priorizan bienes esenciales y cuidan la liquidez, sectores defensivos (alimentos, limpieza) resisten mejor, mientras que indumentaria y electrodomésticos siguen bajo presión, una dinámica que el CEPEC ya señaló y que se traduce en menor facturación y presión sobre márgenes (CEPEC; INDEC para las magnitudes). La concentración del gasto en productos más baratos o compras por volumen puede beneficiar temporalmente a mayoristas pero reduce ventas unitarias en otros eslabones, lo que pone en riesgo horas trabajadas y contratación en pymes del comercio; la caída interanual de 5,1% en supermercados y de 7,2% en mayoristas son señales de ese estrés sobre la demanda real (INDEC). En términos distributivos, la pérdida de dinamismo del mercado interno suele afectar con mayor dureza a hogares de menores ingresos y, en particular, a las mujeres que administran el presupuesto familiar y el cuidado, aumentando la carga de tareas y la tensión sobre compras y tiempo.

Qué debería hacerse

Frente a esta retracción la respuesta debe proteger el ingreso y el empleo sin recurrir a ajustes que descarguen sobre jubilaciones o salarios. Rechazamos financiar la estabilización con recortes de ingresos previsionales o salariales; en cambio proponemos reempadronamiento de SUBE para recuperar fondos mal dirigidos y uso focalizado del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para líneas de crédito y sostén a pymes de retail y mayoristas que emplean mano de obra intensiva. Es necesario combinar medidas de corto plazo (transferencias focalizadas a hogares vulnerables, apoyo a cadenas de suministros esenciales, y créditos a tasa subsidiada para capital de trabajo) con medidas de mediano plazo que impulsen la productividad del comercio y la industria local. Las políticas que busquen alivios sectoriales, como cambios en retenciones, solo son sostenibles si vienen acompañadas de financiamiento productivo y no se pagan con recortes al consumo popular ni con desfinanciamiento previsional, porque eso profundizaría la caída de la demanda que hoy muestran los números del INDEC.