El mercado de alquileres muestra subas constantes pero por debajo de la inflación general: según un relevamiento de Reporte Inmobiliario al que accedió iProfesional, el aumento interanual promedio alcanzó 35,08% y el valor medio de un monoambiente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires promedia 550.000 pesos mensuales sin expensas, mientras un departamento de dos ambientes promedia 650.000 pesos (Reporte Inmobiliario). El monitoreo aporta además que la inflación acumulada y medida por INDEC entre diciembre de 2023 y marzo de 2026 fue 213% (Reporte Inmobiliario citando INDEC), lo que deja en evidencia que la dinámica de los alquileres no acompaña la pérdida general de poder de compra.
¿Cómo impacta esto en los inquilinos?
Vemos que, aunque las subas de alquileres no sigan el ritmo de la inflación general, la carga sobre los hogares no disminuye. Un monoambiente a 550.000 pesos representa una porción creciente del ingreso para asalariados y jubilados que vienen perdiendo capacidad de compra frente a un aumento de precios de 213% entre dic-2023 y mar-2026 según INDEC (citado por Reporte Inmobiliario). Además, la heterogeneidad es clara: los departamentos de cuatro ambientes registraron subas interanuales de 50% mientras los de tres ambientes crecieron 25,36% (Reporte Inmobiliario), lo que refleja segmentación por calidad y ubicación. Ese empuje desigual golpea con mayor fuerza a hogares encabezados por mujeres y a familias con trabajo informal, que tienen menos colchón para absorber ajustes. Por eso las respuestas políticas no pueden reducirse a dejar que el mercado “se acomode”: hay que proteger ingresos y garantizar oferta asequible.
¿Por qué los alquileres suben menos que la inflación?
La explicación principal que aporta el relevamiento es el cambio en la oferta. Desde la derogación de la ley de alquileres en diciembre de 2023, el stock de departamentos usados publicados en alquiler tradicional pasó de 551 unidades a 6.401 unidades en abril de 2026, un salto de 1.061,7% que aumentó la competencia entre propietarios y contuvo precios (Reporte Inmobiliario). Adicionalmente, Reporte Inmobiliario muestra que desde dic-2023 los valores medios publicados aumentaron 139,13% para unidades de 1 ambiente y 132,14% para 2 ambientes, cifras inferiores al 213% de inflación acumulada (Reporte Inmobiliario citando INDEC). Esa oferta recomponiéndose reduce la presión al alza, pero no devuelve poder de compra a los hogares: si los ingresos se deterioran más rápido que la renta, la accesibilidad empeora aun cuando la letra del precio suba menos.
Qué deberían hacer las políticas públicas
No podemos aceptar que la solución pase por recortar jubilaciones o salarios; mantener ingresos es central para sostener demanda y evitar desalojo de consumo, coherente con nuestra posición previa. A la vez, hay medidas específicas para el mercado de viviendas: reempadronamiento de programas de transporte y subsidios como SUBE para liberar recursos focalizables; uso estratégico del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para ofrecer créditos a la construcción de viviendas para alquiler social y líneas de crédito a municipios que impulsen proyectos de vivienda colectiva urbana (propuesta consistente con defensa del empleo y la producción). También hacen falta incentivos fiscales temporales para facilitar la conversión de unidades vacías a contratos de alquiler de mediano plazo y crear mecanismos de información pública que reduzcan asimetrías entre locadores e inquilinos. Estas herramientas protegen el acceso a la vivienda sin sacrificar ingresos de jubilados o trabajadores.
En síntesis, el dato de que los alquileres subieron 35,08% interanual mientras la inflación acumulada entre dic-2023 y mar-2026 fue 213% (Reporte Inmobiliario citando INDEC) no es motivo para la complacencia. La recomposición de la oferta moderó precios, pero la verdadera política debe combinar sostén de ingresos y medidas para ampliar vivienda de alquiler asequible: eso preserva consumo, empleo y la cohesión social que hoy están en juego.