La morosidad de las familias alcanzó 11,2% en febrero de 2026, el nivel más alto desde que el Banco Central publica la serie en 2010, según el Índice de Vulnerabilidad Familiar del Congreso (IVFC, informe mayo 2026). Al mismo tiempo el BCRA informó que la irregularidad de créditos en el sector privado fue del 7% en marzo de 2026, con una suba de 0,3 puntos porcentuales respecto de febrero (Informe sobre Bancos, BCRA, marzo 2026). Eso resume la foto: más hogares dificultan el pago de sus compromisos y la fragilidad económica acumula meses de empeoramiento.

¿Qué nos dicen los números sobre la fragilidad familiar?

Los indicadores confluyen en la misma dirección. El IVFC ubicó el indicador de bienestar económico en 5,1 puntos y consignó diez meses consecutivos de suba del índice, situando a los hogares en un estadio de fragilidad creciente (IVFC, mayo 2026). Según el mismo informe, los salarios registrados perdieron 8,9 puntos porcentuales de poder adquisitivo en el período acumulado noviembre 2023–febrero 2026 (acumulado, IVFC). En la comparación interanual, feb-25 vs feb-26, la caída real del salario registrado fue de 4,2 puntos porcentuales (IVFC). Además, el informe reporta la pérdida de más de 205.000 puestos de trabajo privados formales desde el inicio de la gestión actual y el cierre de más de 24.000 pymes, datos que explican la menor capacidad de pago y el aumento de la morosidad (IVFC).

¿Cómo impacta esto en el mercado financiero y en tu bolsillo?

Desde el lado bancario, las familias explican el 20,7% de los activos de las entidades, por lo que el deterioro de ese segmento pesa sobre la calidad de la cartera crediticia (BCRA, Informe sobre Bancos, marzo 2026). El aumento de la mora —15 meses de subas consecutivas en algunos registros— suele traducirse en dos efectos: mayores provisiones por parte de los bancos y una restricción del crédito para nuevos préstamos. En paralelo hay diferencias según producto: la irregularidad en tarjetas se estabiliza en torno al 11,7% y los créditos hipotecarios mantienen baja irregularidad, 1,4% (BCRA, marzo 2026). Para el ahorrista esto significa mayor costo del crédito al consumo, menos oferta de préstamos baratos y riesgo de volatilidad en instrumentos ligados al sistema financiero. En términos de ingreso, la caída salarial erosiona la capacidad de ahorro —el costo de oportunidad de dejar pesos a tasas reales negativas es mayor.

Qué conviene hacer ahora: pasos concretos

  1. Fondo de emergencia: mantener 3–6 meses de gastos como colchón. Si aún no está armado, priorizar su constitución antes de tomar riesgos. 2) Priorizar pago de deudas caras: tarjetas y préstamos personales suelen tener tasas elevadas y muestran mayor irregularidad (tarjetas ~11,7%, BCRA marzo 2026); pagar esas deudas baja la presión mensual. 3) Liquidez inteligente: para estacionar dinero a corto plazo preferir fondos money market o lecaps que ofrezcan acceso rápido y compararlas con la inflación; no inmovilizar en instrumentos que rinden menos que la inflación. 4) Reserva en dólares o instrumentos dolarizados: mantener parte del ahorro en moneda extranjera sigue siendo una protección razonable ante pérdida de poder adquisitivo (posición coherente con recomendaciones previas). 5) UVA y plazos: usar UVA como estacionamiento solo si se puede inmovilizar capital; los créditos hipotecarios hoy muestran baja irregularidad pero no son un refugio para todos.

Conclusión y panorama de corto plazo

Los datos del IVFC y del BCRA muestran una fragilidad real: morosidad récord, salarios que pierden poder de compra y pérdida de empleo formal. Es probable que la tensión continúe en los próximos meses si la inflación sigue empujando costos y si el mercado laboral tarda en recuperarse (IVFC; BCRA). No hay soluciones mágicas para quienes ya están sobreendeudados, pero para el ahorrista que puede decidir: construir o reforzar el fondo de emergencia, bajar deuda cara, y diversificar parte del ahorro a dólares o activos dolarizados. Recomendamos evitar decisiones apresuradas por pánico y priorizar acciones concretas y probadas: liquidez, reducción de deuda y cobertura en moneda dura.