El dólar oficial cotiza a $1415 en la pizarra del Banco Nación y el mayorista opera en $1395 (Banco Nación, 13/02/2026); el CCL está en $1481 (+0,1%) y el MEP en $1418 (-0,2%) mientras el blue se ubica en $1440 (iProfesional, 13/02/2026). Estos números muestran una calma frágil: el tipo de cambio puede seguir plano hasta que aparezca el dato que revele falta de dólares.

La batalla por las reservas

En el tablero que observan inversores y empresas, las reservas del Banco Central son el marcador principal. Mega QM destaca que 2026 es un año en el que el BCRA debe acumular reservas para mejorar la señal de solvencia y facilitar el regreso del Tesoro al mercado (Mega QM, reporte 2026). Esa acumulación depende de tres grandes entradas: superávit comercial, liquidación de deuda privada y depósitos que se queden dentro del sistema.

El atesoramiento como variable volátil

El factor más inestable es el ahorro en dólares del público. Mega QM estima referencias históricas de atesoramiento cercanas a USD 17.800 millones anuales (aprox. USD 1.500 millones por mes), con rangos que fueron de USD 10.000 millones a USD 27.000 millones en episodios de estrés como 2018 (Mega QM). Si el atesoramiento se mantiene alto, reduce automáticamente el excedente disponible para que el BCRA acumule reservas.

Crédito en dólares: alivio con costo

La posibilidad de ampliar crédito en dólares promete tasas bajas — depósitos 2%-4% y préstamos 5%-7% según Epyca — y usar depósitos récord para financiar actividad (Epyca). Pero esa alternativa trae un riesgo técnico: descalce entre activos y pasivos en moneda extranjera que puede amplificar vulnerabilidades del sistema bancario, sobre todo si el tipo de cambio corrige. Históricamente, la exposición masiva a posiciones dolarizadas fue parte de las causas que multiplicaron el impacto de las crisis (Epyca).

Deuda privada y vencimientos: el canal silencioso

El financiamiento externo del sector privado es clave para transformar deuda en oferta de dólares. Mega QM reporta deuda privada por USD 116.847 millones (17,7% del PBI) a septiembre de 2025, con USD 7.265 millones de vencimientos previstos en 2026 y otros USD 13.700 millones sin fecha fija, un potencial piso de USD 21.000 millones que obliga a renovar pasivos (Mega QM). Si ese canal se achica, la demanda volverá a recaer sobre el mercado cambiario.

Qué puede romper la calma en semanas

Tres señales fueron las que nos marcan el umbral de riesgo: 1) una caída rápida en las compras netas de reservas del BCRA; 2) un repunte del atesoramiento mensual por encima de los promedios estacionales; 3) dificultades en rollovers de deuda privada que aumenten vencimientos netos. Cualquiera de esos eventos, aislado o combinado, reduce el margen del BCRA para intervenir y pone al dólar como primer sensor de tensión.

Implicancias y límites de la política

Desde la perspectiva de mercado, medidas que aumenten la participación del BCRA en el mercado de cambios deben ir acompañadas de límites claros. Ampliar el rol del Central para facilitar crédito en dólares o para comprar reservas puede funcionar, pero sin reglas de exposición, gobernanza independiente y topes jurídicos corre el riesgo de convertirse en financiamiento encubierto del Tesoro — un error que ya conocemos en la historia argentina. Además, enero mostró inflación de 2,9% mensual y 32,4% interanual, por encima de diciembre de 2025 (31,5%) según Epyca, lo que complica cualquier estrategia que confíe en anclas parciales.

Conclusión: equilibrio fino y política coherente

Vemos 2026 como un año de equilibrios finos: si el comercio exterior, el financiamiento privado y la oferta bancaria en dólares encajan, el BCRA podrá acumular reservas y mantener previsibilidad cambiaria. Si alguna pieza falla, el tipo de cambio volverá a ser el termómetro del desajuste. La receta no es mágica: combinar transparencia, límites a la exposición del Central y políticas que reduzcan el incentivo al atesoramiento es la forma más pragmática de evitar que la calma quede reducida a una ilusión de corto plazo.