El peso argentino se instaló como la moneda que más se apreció a nivel global en lo que va de 2026: el dólar mayorista cerró el viernes en $1.398 y el minorista cotizó en $1.420, niveles similares a los de noviembre pasado, a pesar de una inflación minorista acumulada del 15,1% desde ese mes (iProfesional). Este dato concentra el debate: estabilidad nominal versus pérdida de competitividad real.

¿Qué muestran los números y por qué es inusual?

Los datos son claros y provienen del mismo monitoreo público: el dólar mayorista en $1.398 y el minorista en $1.420, con una inflación minorista acumulada desde noviembre de 15,1% según iProfesional, lo que implica una apreciación real del peso. En términos agregados, la apreciación promedio del peso frente a otras divisas llega al 17% en lo que va de 2026, con casos extremos como India (-17,2%) y Japón (-15,7%) reportados por la misma fuente (iProfesional). Comparado con noviembre pasado, el tipo de cambio nominal está prácticamente estancado mientras los precios locales suben, razón por la cual el poder de compra internacional de los residentes mejora y la competitividad de las exportaciones se deteriora.

¿Cómo impacta esto en las empresas, los exportadores y el turismo?

La apreciación real reduce márgenes para los productores orientados al exterior y reorienta la demanda hacia importaciones y turismo internacional; iProfesional destaca que frente a Brasil el peso se apreció un -3,1% en 2026, una cifra crítica dado que Brasil es nuestro principal socio comercial. Para empresas que compiten con importados la presión es inmediata sobre precios y empleo, mientras que el turismo receptivo pierde atractivo frente a demandantes extranjeros que encuentran una Argentina relativamente cara. Al mismo tiempo, el consumo de bienes importables y el flujo de compras de fronteras se expanden, dimensión que ya se observa en el comportamiento de precios relativos y en encuestas sectoriales locales citadas por medios económicos.

¿Por qué los financieros están comprando pesos y qué riesgos trae eso?

El fenómeno no es puramente real: el mercado financiero reaccionó creando oportunidades de carry trade tras una etapa de menor volatilidad nominal; el viceministro José Luis Daza definió el cuadro como un ‘equilibrio virtuoso’ donde ‘bajan las tasas cortas, bajan las tasas largas y bajan las expectativas de depreciación’ (iProfesional). Eso atrae capitales y fortalece la demanda por pesos en el corto plazo, pero también puede ser una trampa: si la apreciación se apoya en entrada de capitales volátiles o en intervenciones opacas, cualquier reversión de flujos o ajuste fiscal insuficiente puede desencadenar una depreciación rápida y pérdida de reservas. Aquí pesa la experiencia histórica argentina: estabilidad nominal comprada con financiamiento encubierto suele terminar mal.

¿Es sostenible este ‘súper peso’ y qué debería hacer la política económica?

No hay consenso técnico en que un peso apreciado sostenido sea sano para la estructura productiva; la receta prudente combina tres elementos. Primero, cualquier acumulación de reservas debe ser transparente y no puede constituir financiamiento encubierto del Tesoro; respaldamos esa condición como criterio no negociable (ver postura previa). Segundo, se necesitan anclas fiscales creíbles para reducir el riesgo de reversión súbita de flujos; sin disciplina fiscal el peso seguirá vulnerable a cambios de sentimiento. Tercero, mayor independencia real del BCRA —no retórica— es necesaria para evitar que la política cambiaria sea una herramienta de caja. Si esos tres requisitos no se cumplen, la apreciación puede ser temporal y costosa para empleo y producción exportadora.

En síntesis, celebramos la reducción de ruido cambiario cuando viene acompañada de reglas claras, pero advertimos que un “súper peso” sin anclas fiscales y sin transparencia en la gestión de reservas puede convertirse en la próxima iteración de los desequilibrios que ya conocemos. Los números de iProfesional dejan en evidencia la oportunidad y el riesgo: $1.398, $1.420 y 15,1% no son solo cifras, son señales que requieren respuesta técnica y política.