Los salarios reales volvieron a perder terreno: en febrero los ingresos laborales aumentaron 2,4% nominal mientras la inflación mensual fue 2,9% (según el INDEC), con lo que el salario real retrocedió ese mes y suma cuatro meses consecutivos por debajo del IPC.

¿Qué dicen los datos?

Según el INDEC, el índice de salarios general subió 2,4% en febrero frente a una inflación de 2,9% en el mismo mes. En el desagregado, el salario privado registrado creció 1,6% y el sector público 2,3%, ambos por debajo del IPC; en cambio el privado no registrado aumentó 4,6% mensual (INDEC). En términos interanuales, el índice general de salarios acumuló 35,8% frente a una inflación interanual de 33,1% (INDEC), lo que muestra que la comparación anual puede ocultar pérdidas recientes. La consultora Equilibra estima además que el ingreso disponible registrado cayó 0,6% mensual y 2,8% interanual en febrero, y que quedó 11% por debajo del promedio enero-septiembre 2023, previo a la transición de gobierno (Equilibra).

Estos números nos dicen dos cosas concretas: primero, que las variaciones interanuales positivas no borran la pérdida de poder de compra acumulada en los últimos cuatro meses; segundo, que la informalidad sigue moviéndose en otra dinámica, con fuertes aumentos nominales pero con una calidad de empleo inferior (INDEC, Equilibra).

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Cuando los salarios crecen por debajo de la inflación, la demanda interna se debilita. El salario no es solo un costo: es ingreso que sostiene el consumo de alimentos, transporte y servicios. Con el ingreso disponible registrado en baja (-0,6% mensual, según Equilibra), las familias enfrentan menor margen para consumir, lo que repercute en ventas y en empleo de sectores intensivos en mano de obra. Además, la caída real afecta diferentemente: jubilaciones mínimas y trabajadores públicos tuvieron en febrero caídas mensuales de 0,9% en su ingreso disponible, mientras que jubilados que no cobran la mínima y asalariados privados formales registraron mermas menores (-0,4% y -0,5% mensual respectivamente) según Equilibra.

En sectores con mayor informalidad la volatilidad de ingresos es alta; el aumento mensual de 4,6% en el privado no registrado (INDEC) no compensa la precariedad y la ausencia de protección social. Esa heterogeneidad importa para diseñar políticas de apoyo focalizadas.

¿Qué señales manda esto sobre la industria y el empleo?

La debilidad salarial se combina con capacidad ociosa en la industria: la utilización de la capacidad instalada fue 54,6% en febrero, según la fuente que acompaña estos datos. Con niveles de utilización alrededor del 55%, no sólo hay espacio para recuperar producción sin inversión inmediata, sino que también hay riesgo de ajuste por caída de demanda. Menor demanda agregada presiona a las empresas a reducir horas, postergar contrataciones o tercerizar procesos, lo que golpea empleo formal y calidad del trabajo.

Desde la perspectiva distributiva, cuando los salarios se rezagan la renta se desplaza hacia quienes reciben pagos indexados o exportadores. Además, la sobrecarga de tareas no remuneradas y la mayor precariedad suelen recaer en mujeres, por lo que una política que ignore estos efectos puede profundizar desigualdades. Por eso es clave mirar no sólo el promedio, sino la composición sectorial y de género del mercado laboral.

Qué políticas proponemos: alivios focalizados y temporales

Frente a esta coyuntura apoyamos medidas que protejan empleo y consumo sin comprometer jubilaciones ni salarios. Es decir, alivios fiscales focalizados y temporales para sectores intensivos en empleo y para hogares vulnerables, con transparencia sobre beneficiarios y duración. Ejemplos: subsidios a salarios para pymes que mantengan plantillas por tres meses, créditos blandos vinculados a mantener empleo, y transferencias condicionadas temporales para hogares con ingresos reales en baja. No aceptamos financiar estas medidas mediante recortes a las jubilaciones o a los sueldos públicos.

A mediano plazo, hace falta combinar esas medidas con políticas para elevar la productividad: crédito orientado a inversión en maquinaria, formación técnica y acuerdos sectoriales que promuevan empleo de calidad. Negociaciones de deuda o alivios externos pueden ayudar si se traducen en espacio fiscal para sostener demanda y productividad, pero siempre con transparencia y sin condicionar ajustes que licúen ingresos de hogares.

En resumen, los datos de febrero muestran una pérdida real reciente que, si se prolonga, erosionará consumo y empleo. Por eso proponemos respuesta rápida, focalizada y temporal para sostener ingresos y evitar que una caída transitoria se convierta en deterioro estructural del mercado laboral y la industria.