El salario promedio del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) registró una caída real de 0,2% en febrero (mensual), según la Secretaría de Trabajo, y los principales Convenios Colectivos de Trabajo (CCT) bajaron 1,7% real en ese mes (mensual), acumulando una pérdida de 7 puntos porcentuales desde noviembre de 2023 (acumulado), según el mismo informe. En paralelo, el índice de salarios privados registrados del INDEC cayó 1,3% real en febrero (mensual), la sexta baja mensual consecutiva y una caída acumulada de 4,3% respecto a enero de 2025 (acumulado), de acuerdo al INDEC.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Vemos una doble tensión: salarios que pierden terreno y empleo que no compensa. La contracción de 0,2% real del SIPA en febrero (mensual) y la caída de 1,3% real del índice de salarios privados del INDEC en el mismo mes (mensual) presionan la demanda interna (según la Secretaría de Trabajo y el INDEC). Al mismo tiempo, el empleo asalariado privado se redujo alrededor de 1,5% interanual (interanual) mientras que las modalidades precarias crecieron: el monotributo aumentó más de 4% interanual (interanual), según el informe citado. La informalidad permanece en torno al 43% (nivel), lo que indica un deterioro en la calidad del empleo y limita la transmisión de cualquier recuperación salarial hacia un consumo sostenido. En ese marco, las expectativas empresarias de contratación se volvieron netamente negativas, lo que refuerza el riesgo de una espiral donde salarios bajos deprimen demanda y esa baja en la demanda frena la creación de empleo (según el informe).

¿Por qué hay tanta heterogeneidad entre sectores?

La dispersión salarial es central en este episodio. El haber conformado por CCT mostró una baja de 1,7% real en febrero (mensual) pero esa cifra oculta movimientos extremos: actividades como construcción (-12,4% real en el último año, interanual), textiles (-12,3% interanual) y gastronomía (-9,5% interanual) registraron pérdidas de dos dígitos (según la Secretaría de Trabajo). En contraste, sectores como Aceiteros (+12,7% real interanual), Encargados de Edificio (+5,6% interanual) y Transporte automotor (+3,8% interanual) tuvieron variaciones positivas (según la Secretaría de Trabajo). Parte del problema es el esquema de negociación: paritarias más cortas, sumas fijas en muchos acuerdos y ajustes mensuales por debajo de la inflación esperada. En marzo, los aumentos pactados promediaron 1,4% mensual frente a una inflación de 3,4% mensual (según CP Consultora e INDEC), lo que explica por qué algunas ramas se sostienen y otras se desploman.

Empleo y calidad del ingreso: una recuperación frágil

No basta con números promedio: la composición del empleo muestra signos de precarización. La caída de 1,5% interanual del asalariado privado (interanual) y el crecimiento de más de 4% interanual en monotributistas (interanual) sugieren desplazamiento hacia formas laborales de menor protección (según la Secretaría de Trabajo). La alta informalidad —cercana al 43% (nivel)— impide que aumentos nominales se traduzcan en poder real y cobertura social. Además, la proliferación de sumas no remunerativas reduce la base sobre la cual se calculan vacaciones, jubilaciones y seguro de desempleo, erosionando el ciclo de ingreso a largo plazo. En este contexto, la afirmación del ministro Luis Caputo de que el salario real del empleo registrado privado se incrementó 1,6% en enero (mensual) y estaba 5% por encima de noviembre de 2023 (acumulado) requiere ser matizada por la caída de febrero y por la contracción más pronunciada dentro de los CCT (según la Secretaría de Trabajo y declaraciones ministeriales).

¿Qué políticas protegerían empleo e ingresos ahora?

Apoyamos alivios fiscales focalizados y temporales que protejan empleo y consumo, financiados con transparencia y sin recortar jubilaciones ni salarios. Con la inflación corriendo por encima de la mayoría de las paritarias (ej.: aumentos promedio de 1,4% mensual contra 3,4% de inflación en marzo, según CP Consultora e INDEC), se necesitan medidas que sostengan salario real de los más vulnerables y evitar la pérdida de capacidad de compra. Propuestas concretas: subsidios temporales a salarios en sectores en caída (con condicionalidad de mantenimiento de empleo), reorientación temporal de retenciones para compensar a ramas intensivas en empleo, y un tope a la proliferación de sumas no remunerativas que erosiona derechos. Estas herramientas deben combinarse con negociación colectiva fortalecida y un mapa de monitoreo público sobre convenios, para evitar transferencias regresivas y proteger el mercado interno.