El dato duro abre la nota: el 74% de los gestores encuestados por Bank of America espera un índice Ibovespa por encima de 190.000 puntos para fin de año, y el 85% de los gestores europeos cree que la renta variable europea superará a la estadounidense en los próximos doce meses (Fuente: BofA, febrero 2026).
Qué muestra la rotación global
El sondeo de BofA pinta una rotación clara: salidas de acciones estadounidenses y entradas hacia Europa y mercados emergentes. El posicionamiento en renta variable es el más alto desde junio de 2021 según el indicador agregado del informe, mientras que la liquidez en cartera cae a 3,4% (frente al 3,2% mínimo histórico), lo que sugiere que gran parte del dinero está ya invertido (Fuente: BofA, febrero 2026).
Los números ayudan a dimensionar el riesgo y el optimismo. Un 35% neto de gestores globales declara sobre-ponderación en renta variable europea y un 22% neto declara infra-ponderación en acciones estadounidenses. Al mismo tiempo, la proporción de efectivo promedio bajó de 5,9% a 5,2% mes contra mes, mostrando una reducción de colchón líquido (Fuente: BofA, febrero 2026).
Detrás de escena: por qué rotan
Los motivos son dos: condiciones de liquidez percibidas como buenas y expectativas sobre un dólar más débil. El 90% califica las condiciones de liquidez global como buenas o muy buenas y la mayoría de gestores adjudica al dólar y al rendimiento de mercados emergentes el rol decisivo en retornos a seis meses (Fuente: BofA, febrero 2026).
Además, el apetito por activos ligados a inteligencia artificial está polarizado: 45% considera que las acciones de IA no están en burbuja y 44% opina lo contrario; y la protección preferida por los gestores sigue siendo estar largo en oro, señalado por el 50% (Fuente: BofA, febrero 2026).
Implicancias para Brasil y Argentina
En Brasil el optimismo es palpable y cuantificable: el 53% de los gestores ahora espera revisiones al alza en beneficios, frente a 17% el mes anterior. Los encuestados anticipan que el real se ubicaría cerca de 5,20 para fin de año y asumen un inicio de flexibilización en la Selic con una baja de 50 puntos básicos en marzo (Fuente: BofA, febrero 2026).
Para Argentina la lectura es favorable en términos de apetito de riesgo: la mayoría de gestores muestra una visión positiva sobre precios de activos locales. Pero aquí es donde la lupa debe ser más exigente. Como señalamos en nuestras posiciones recientes, respaldamos la acumulación de reservas por parte del Banco Central, condicionada a que no se transforme en financiamiento encubierto del Tesoro (posiciones del 16-19/02/2026). Ese margen de seguridad es crucial para que flujos favorables se traduzcan en estabilidad y no en financiar déficit.
Riesgos y advertencias
El optimismo viene con tres riesgos concretos señalados por los gestores: una burbuja en IA (mencionada como mayor riesgo extremo por 25% de los encuestados), la inflación (20%) y un repunte desordenado de las rentabilidades de los bonos (17%) (Fuente: BofA, febrero 2026). Además, el crédito privado es señalado por 43% como origen probable de un evento sistémico.
A esto se suma la baja liquidez en cartera: con efectivo promedio en 3,4% y niveles de sobre-ponderación en acciones en máximos, la ventana de entrada también implica una mayor sensibilidad a noticias adversas. En mercados emergentes como Argentina, un shock global que apunte a dolar fuerte o a repricing de bonos puede revertir flujos rápidamente.
Qué debería hacer la política económica
La conclusión práctica es sencilla y consistente con nuestra postura editorial: es racional aprovechar períodos de entrada de capital para reforzar reservas y reducir vulnerabilidades externas, pero eso debe ir acompañado de reglas claras. Recomendamos tres guardrails: 1) independencia operativa efectiva del BCRA para evitar que la compra de divisas se use como maquillaje de déficit; 2) transparencia y límites legales que impidan exposición del banco central al financiamiento del Tesoro; 3) un sendero fiscal creíble que reduzca la necesidad de intervenciones discrecionales.
En suma, el optimismo global abre una ventana que Argentina no debería desperdiciar. Acumular reservas con reglas y disciplina es útil; convertir esa acumulación en acceso encubierto a caja del Estado sería un error repetido del pasado. La rotación de fondos favorece el ingreso de capitales, pero la política local debe convertir ese viento de cola en ancla de estabilidad, no en combustible para más desequilibrios.