En abril el saldo comprador de divisas superó los u$s6.700 millones, aunque las compras netas se mantienen en torno a los u$s1.900 millones, de acuerdo a cálculos privados citados por Ámbito. Ese dato explica por qué en la city se habla de un 2026 que puede transitar sin apremios financieros inmediatos, pero no zanja las preguntas relevantes sobre cómo se financió esa acumulación y qué sucederá en 2027.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Los flujos de abril explican la calma cambiaria reciente: la liquidación de la cosecha gruesa y compras del Banco Central empujaron el tipo de cambio hacia la zona de $1.400, según Facimex Valores citada por Ámbito. Quantum Finanzas calcula que el peso acumuló una apreciación nominal de 5,1% y una mejora real de 12,2% en lo que va de 2026, factores que explican menor presión sobre el dólar. Sin embargo, la estabilidad es frágil. En abril las colocaciones corporativas en dólares superaron los u$s600 millones y la provincia de Chubut salió al mercado por u$s650 millones a 9,45% con demanda por unos u$s2.000 millones, datos que muestran apetito externo pero también costos de financiamiento. Si la oferta estacional de divisas se reduce o si se cierran posiciones de carry trade, la presión cambiaria puede reaparecer con rapidez.

¿Es sostenible la acumulación de reservas?

Los vencimientos soberanos del año suman u$s12.000 millones, según la Oficina de Presupuesto del Congreso, y la narrativa oficial descansa en varias fuentes temporarias: un desembolso del FMI por u$s1.000 millones, u$s2.000 millones de Bonares 2027 y 2028, u$s4.000 millones de privados con garantía de multilaterales, u$s2.000 millones por potenciales privatizaciones, y un REPO por u$s1.000 millones, cifras citadas por Ámbito y analistas de mercado. A esto se suman garantías del Banco Mundial y del BID que, como explicó Luis Caputo, alivian corto plazo pero son deuda senior que prioriza el cobro sobre bonos existentes. Ese orden de prelación aumenta el riesgo de rollover a futuro y condiciona la capacidad de emisión en mercados internacionales. Por eso la pregunta central no es si se acumularon reservas, sino cómo se financiaron y qué pasará si alguna de esas fuentes falla.

Qué mirar en adelante y qué se debería exigir

Miramos 2027 con cautela. El mercado ya anticipa que Argentina podría necesitar volver a emitir en el exterior para ganar tiempo, según análisis del sector. Nosotros vemos tres requisitos ineludibles: primero, transparencia total sobre cada instrumento utilizado para acumular reservas, incluyendo repos y garantías; segundo, anclas fiscales creíbles que reduzcan la necesidad de financiamiento extraordinario; tercero, mayor independencia del Banco Central para evitar que las compras de divisas funcionen como financiamiento encubierto del Tesoro. Sin esas condiciones, la acumulación sirve de parche temporal pero amplía el riesgo de correcciones abruptas y de una nueva tensión en la brecha cambiaria. Apoyamos la búsqueda de reservas; rechazamos que se conviertan en herramienta para posponer ajustes estructurales.