La mediana de la Encuesta de Expectativas Macroeconómicas de El Cronista (EMEC, 4/6/2026) señala que el tipo de cambio oficial minorista cerraría 2026 en $1700 y que el dólar contado con liquidación (CCL) estaría en $1721; paralelamente proyecta una inflación interanual de 31% para diciembre 2026 y un crecimiento del PBI del 2,6% (medianas EMEC). Estas cifras resumen la foto que manejan los mercados: reservas acumuladas, una desaceleración paulatina de la inflación y un crecimiento contenido. Según el BCRA, además, la autoridad lleva 100 ruedas comprando divisas (BCRA) y la mediana de la EMEC estima reservas brutas por u$s 54.125 millones a fines de 2026, un colchón que condiciona la política cambiaria.
¿Qué dicen las proyecciones sobre precios y actividad?
La EMEC proyecta que la inflación de mayo será del 2,3% mensual (mediana EMEC), una desaceleración respecto del 2,6% de abril (INDEC). Para los meses siguientes el relevamiento prevé 2,1% en junio, 2,0% en julio y 1,9% en agosto (medianas EMEC), y una inflación interanual (dic 2025-dic 2026) de 31% (mediana EMEC). En actividad, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE, INDEC) mostró en marzo una suba mensual del 3,5% y una variación interanual del 5,5% (EMAE, INDEC), pero las consultoras advierten que abril fue una meseta (MAP). El resultado es una economía que crece por debajo del 3% —mediana EMEC 2,6% para 2026— con sectores orientados al mercado interno (industria, comercio, construcción) rezagados, mientras agro, energía y minería explican buena parte del dinamismo (MAP, EMEC).
¿Cómo impacta esto en el empleo y en los ingresos de los hogares?
Las cifras proyectadas plantean un dilema distributivo: alcanzar un superávit primario de 1,3% del PBI (mediana EMEC) cuando la meta del acuerdo con el FMI quedó en 1,4% exige decidir la composición del ajuste. El ministro afirmó que el Tesoro opera con un gasto cercano al 15% del PBI y advirtió sobre la dificultad del ajuste (Luis Caputo, declaraciones públicas). Si el ajuste recae en jubilaciones y salarios se corre el riesgo de ahogar la demanda agregada y erosionar empleo —recordemos que el salario es demanda—; por eso rechazamos financiar la estabilización con recortes a jubilaciones o salarios. Alternativas viables incluyen un uso focalizado del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y el reempadronamiento de programas sociales para redirigir recursos sin destrabar el ingreso de las familias. Estas opciones protegen consumo y empleo en el corto plazo sin hipotecar la demanda interna.
¿La “lluvia” de dólares alcanza para sostener la estabilidad cambiaria?
En los primeros cuatro meses de 2026 las exportaciones sumaron u$s 30.820 millones, un 21,5% más que en igual período de 2025, y la balanza comercial acumuló un superávit de u$s 8.277 millones (INDEC; entre paréntesis datos citados por el ministro Caputo). Esa mejora explica la posibilidad de compra persistente de reservas por parte del BCRA; la mediana EMEC proyecta u$s 54.125 millones a fin de año. Pero hay riesgos: GMA Capital recuerda un calendario de vencimientos en dólares por más de u$s 32.000 millones entre 2026 y 2027 y una caída estacional de la oferta agroexportable en el segundo semestre (GMA Capital). En ese contexto, la administración del tipo de cambio sigue siendo necesaria: un mercado completamente flotante expone a la volatilidad externa y a la dolarización de carteras. Por eso proponemos aprovechar la compra de reservas para proteger el empleo y la inversión productiva, combinando intervención cambiaria con medidas que fomenten la competitividad por productividad —crédito, subsidios a innovación y formación— y sin trasladar el ajuste a los más vulnerables.
En síntesis, las proyecciones de la EMEC dejan claro que sí hay “lluvia” de dólares y desaceleración de precios, pero la composición del ajuste fiscal y la gestión de las reservas definirán si la recuperación se traduce en estabilidad sostenida y empleo. Mantener salarios y jubilaciones, usar el FGS de manera focalizada y reempadronar programas son medidas coherentes con ese objetivo y con la necesidad de que la competitividad provenga de productividad, no de salarios bajos.