A pesar de un tipo de cambio real que hoy se ubica en niveles parecidos a 2017, la cuenta corriente proyecta un déficit de apenas 0,8% del PBI para 2026, según la Fundación Mediterránea. Ese dato contrasta con el rojo cercano al 5% del PBI observado en 2017 y el casi 3% de 2015, lo que obliga a preguntarse por las razones estructurales y coyunturales detrás de esta aparente anomalía.
Contexto y cifras clave
Vemos que el escenario externo cambió por varios factores medibles. Primero, los términos de intercambio son un 17% superiores a los de 2017, lo que mejora los ingresos por exportaciones (según IERAL). Segundo, el peso de las exportaciones en el producto creció del 11,2% al 17,3% entre 2017 y 2025, de acuerdo al mismo informe del IERAL. Tercero, la Fundación Mediterránea proyecta un déficit de cuenta corriente de 0,8% del PBI para 2026, muy por debajo del 5% de 2017 (participación sobre PBI). Además, el volumen físico de exportaciones superó el récord de 2011 durante 2025, según el informe citado. Estos números explican por qué un tipo de cambio real relativamente apreciado no se traduce automáticamente en un desbalance externo agudo.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Desde la óptica del mercado, la lectura es doble. Por un lado, mayores divisas por mejores términos de intercambio y más ventas externas reducen la presión por importaciones y financiamiento externo; esto es consistente con la menor brecha entre oferta y demanda de dólares observada tras las últimas elecciones, según analistas consultados por Ámbito. Por otro lado, el Fondo Monetario Internacional señaló en su staff report que el tipo de cambio está atrasado respecto de necesidades para absorber shocks externos y recomendó mayor flexibilidad cambiaria. El mercado seguirá atento a la evolución de la demanda de atesoramiento (compra de dólares para ahorro), que, aunque menor que meses previos, sigue siendo elevada según consultores privados. En suma: los números explican la calma actual, pero los inversores vigilan la capacidad de las reservas y la trayectoria fiscal.
¿Es sostenible o una olla a presión?
No hay fórmulas mágicas: la mejora del saldo externo puede ser genuina y, al mismo tiempo, frágil. El IERAL atribuye buena parte del ajuste a un recorte del gasto público equivalente a 10 puntos porcentuales del PBI, que reduce la necesidad de financiamiento externo; ese ancla fiscal es crucial porque un déficit fiscal persistente vuelve a transferir la carga al resto del mundo. Además, la composición del crecimiento importa: los sectores que impulsan el repunte —hidrocarburos, minería y agroindustria— demandan menos insumos externos que la industria manufacturera, lo que modera las importaciones asociadas a la producción (según consultoras Equilibra y C-P). Pero persisten riesgos: reservas limitadas, vencimientos de deuda y una demanda de atesoramiento relevante. Si la actividad repunta con fuerza, las importaciones y la compra de dólares podrían aumentar y tensionar las cuentas.
Qué pedirle a la política económica
Desde nuestra perspectiva, lo deseable es consolidar lo logrado sin repetir viejos atajos. La acumulación de reservas es bienvenida solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA. Pedimos claridad sobre el origen de los dólares (exportaciones, inversiones, financiamiento genuino) y reglas que eviten intervenir para sostener un tipo de cambio artificialmente bajo. Además, conviene monitorear la dolarización de carteras y los vencimientos de deuda privada y pública. En resumen: los números actuales muestran avances reales, pero la sostenibilidad requiere disciplina fiscal, gestión transparente de reservas y un banco central con criterio técnico y autonomía.