El Banco Central anunció un corredor de tasas que coloca saldos al 20% y presta a los bancos al 25% y redujo encajes desde un pico del 53% (según comunicaciones del BCRA e iProfesional), pero la elevada morosidad —11% en el sistema bancario y 28% en el sector extrabancario— y la absorción de pesos por parte del Tesoro hacen que la baja de las tasas activas sea, en el mejor de los casos, gradual (según el BCRA).

¿Por qué no bajarán las tasas de golpe?

Vemos que la principal función del corredor es domar la volatilidad intradía: ofrecer un piso y un techo evita oscilaciones extremas en la tasa de corto plazo. Eso importa: Mega QM documentó que la dispersión de la tasa pasó de 2,5% en un trimestre a 25,5% en el período preelectoral (informe Mega QM citado por iProfesional). Pero volatilidad menos errática no borra pérdidas acumuladas por los bancos. La mora eleva el riesgo de crédito y obliga a ampliar el spread entre tasas activas y pasivas; el mercado ya registra plazos más cortos y primas por riesgo mayores. Además, si el BCRA reduce el piso del corredor demasiado pronto, la tasa pasiva podría caer más rápido que la activa y agravar el spread, incentivando la dolarización del ahorro. En suma, el mecanismo reduce ruido pero no neutraliza las pérdidas ni el ajuste de balance que exigen los bancos.

¿Cómo impacta esto en las familias y las empresas?

La traducción práctica es fría: crédito más caro y menos disponible por meses. Según el BCRA, la morosidad en préstamos a familias llegó al 11% en el sector bancario y al 28% en el extrabancario; eso presiona a los bancos a penalizar con tasas más altas a los nuevos prestatarios. Outlier reporta que los adelantos en cuenta corriente muestran una caída real estacional del 4% mensual y acumulan casi 8% menos que en diciembre de 2025 (consultora Outlier, citado por iProfesional). Para las familias la carga de intereses ya es notable: Lorenzo Sigaut Gravina documenta que el pago de intereses representa 26,3% del presupuesto familiar, triple en 18 meses y por encima del 20% observado en 2018 (informe citado por iProfesional). Con plazos fijos pagando una tasa efectiva anual cercana al 25% y créditos a tasas nominales del orden del 120% (CFT que puede superar 300% anual en algunos productos), la capacidad de impulso del crédito será limitada hasta que la calidad de cartera muestre señales sostenidas de mejora.

¿La política fiscal acompaña o neutraliza la medida?

Aquí está el nudo: flexibilizar encajes puede reactivar crédito, pero solo si no se convierte en financiamiento encubierto del Tesoro. En las últimas licitaciones el Tesoro colocó bonos en exceso para “aspirar” pesos del mercado, según fuentes del mercado citadas por iProfesional; esa absorción contrarresta la mayor liquidez que busca inyectar el BCRA. Observamos que, sin anclas fiscales y sin extensión de plazos de deuda, cualquier alivio monetario se diluye. Por eso respaldamos la flexibilización de encajes como herramienta para reducir tensión del crédito, pero exigimos transparencia, salvaguardas y rendición sobre el uso de instrumentos para evitar que la medida funcione como caja para el Tesoro. También reclamamos independencia del BCRA y un plan fiscal creíble que extienda vencimientos y reduzca la necesidad de emisiones que compitan con el crédito privado.

En conclusión, el corredor y el recorte de encajes son pasos correctos para bajar la volatilidad, pero no alcanzan por sí solos. Hasta que la mora y las pérdidas de las entidades no se estabilicen y hasta que el Tesoro deje de absorber sistemáticamente la liquidez, las tasas de los créditos seguirán en niveles que desalientan la expansión del endeudamiento productivo.