El Banco Central está comprando dólares pero las reservas “netas” no muestran una recuperación clara: según el informe citado en el programa de Marcelo Longobardi, el BCRA habría comprado casi US$5.000 millones en lo que va del año y adquirió US$281 millones el 10 de abril de 2026. Al mismo tiempo, informes privados como Perspectiva señalan que las reservas netas siguen siendo menores que las de fines de 2025. Esa aparente contradicción es el nudo: compra sin acumulación neta.

¿De qué hablan los reportes y qué cifras importan?

En el programa citado se consignó que el Banco Central compró casi US$5.000 millones “este año” y que el día 10/4/2026 registró compras por US$281 millones (fuente: programa de Radfio Perfil / NetTV). Morgan Stanley, según lo reproducido en ese mismo espacio, proyecta un saldo comercial positivo para 2026 —más exportaciones que importaciones— pero aclara que eso no alcanzaría para reconstruir reservas netas. Además, el economista Alfonso Prat-Gay y los analistas Rodolfo Santángelo y Enrique Szewach han planteado preocupaciones similares (fuentes: intervención pública y artículo en La Nación). El dato temporal clave es que, bajo cualquier metodología, las reservas netas son menores que a fines de 2025, lo que ya es una comparación directa contra el año previo.

¿Por qué importa que las reservas no se acumulen?

Las reservas netas actúan como respaldo para intervenir en el mercado cambiario y dar señales de solvencia frente a acreedores. Si el BCRA compra pero las reservas netas no suben, puede ser por usos de esas divisas (servicio de deuda, swaps, financiamiento público, encajes) o por valuaciones y instrumentaciones contables. En el programa se mencionó además la tensión con la inflación: proyecciones de especialistas ponen la inflación de marzo en torno al 2,9–3,1% mensual; en el trimestre se habló de cerca del 9% (fuente: especialistas citados en Radfio Perfil / NetTV). Esa inflación alta mientras el peso se mantiene fuerte en términos nominales —o incluso se revaloriza— es una combinación que, históricamente, genera presión sobre reservas y expectativas.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Si las reservas netas no suben, el margen de maniobra del Banco Central para defender el tipo de cambio se reduce. Eso eleva la probabilidad de episodios de volatilidad cambiaria o de necesidad de ajustes más bruscos en el futuro. El comunicado y los informes privados sugieren que, aunque la balanza comercial muestre un superávit, la acumulación de reservas depende también del acceso al financiamiento y del uso de dólares por el sector público y privado (fuentes: Morgan Stanley, Perspectiva). En la práctica, esto puede traducirse en mayor prima por riesgo, presión sobre expectativas de devaluación y, por tanto, mayor incidencia en precios locales. Para el ahorrista significa que el dólar sigue siendo un refugio relativo frente a instrumentos en pesos si la inflación sigue en torno de 3% mensual.

Qué podemos hacer: recomendaciones prácticas

Mantener un fondo de emergencia de 3–6 meses y priorizar el pago de deudas caras sigue siendo la regla base. Recomendamos conservar parte del ahorro en dólares o en instrumentos indexados (UVA, bonos ajustados o cedears para diversificar), tal como señalamos en notas previas. Si la preocupación es la falta de acumulación de reservas, no conviene apostar a que el peso sostenga su valor real indefinidamente. Para quien necesita estacionar liquidez a corto plazo, evaluar plazos fijos digitales o UVA según horizonte y liquidez; evitar plazos fijos tradicionales si su rendimiento proyectado queda por debajo de la inflación esperada (datos y proyecciones citadas en nota y comunicados citados). Finalmente, reducir exposición a deudas en pesos a tasas altas y mantener documentación para justificar transferencias internacionales son pasos prácticos ante mayor incertidumbre en reservas y acceso a mercados.