La mora crediticia volvió a subir y el problema es especialmente grave fuera del sistema bancario: la morosidad total del sector privado pasó de 6,4% a 6,7% en febrero (variación mensual), según la consultora 1816 con datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU). Este primer dato resume lo que trae la nota: las billeteras virtuales y otras entidades no bancarias están mostrando incumplimientos muy superiores al promedio.
¿Qué muestran los números? (y por qué importan)
La lectura rápida es cruda. El segmento de crédito a familias subió de 10,6% en enero a 11,2% en febrero (variación mensual), según 1816 sobre datos del CENDEU. Esa alza lleva 16 meses consecutivos y la mora en hogares está en su nivel más alto desde 2004, apunta el informe. Las entidades no financieras —fintech, billeteras y prestamistas fuera del sistema tradicional— registraron 29,9% de mora en créditos a hogares en febrero (mensual), casi tres veces la del sistema bancario, y representan cerca del 17% del crédito a familias, lo que amplifica el impacto sistémico. Además, 28 de las 30 principales entidades financieras mostraron deterioro de cartera, lo que confirma que no es un problema de unas pocas empresas sino macro.
¿Qué pasa con Mercado Pago, Ualá y las fintech?
Los casos más visibles ayudan a entender el fenómeno. Mercado Pago vio su ratio de irregularidad subir de 5,5% en enero de 2025 a 14,7% en enero de 2026 (variación interanual), según datos oficiales del CENDEU citados en la cobertura. Ualá fue objeto de un análisis que mostró cifras muy altas (hasta 43% en el segmento bancario y 63% en el no financiero), aunque la propia empresa explicó que parte de esa cifra refleja carteras residuales y que, aplicando prácticas contables homogéneas como el “write-off”, su mora reportada se acercaría al 17–18% en enero-febrero 2026. El contexto hace más difícil la originación: las tasas nominales de los préstamos personales rondan 70% y la TEA puede acercarse al 100%, lo que reduce la capacidad de pago de hogares con ingresos en retroceso, según el mismo informe.
¿Cómo impacta esto en la economía cotidiana y en los ahorros?
Un aumento sostenido de la mora tiende a endurecer el crédito: los prestamistas restringen la otorgación, suben requisitos y encarecen el financiamiento. Eso golpea consumo y actividad en sectores intensivos en empleo como comercio, industria y construcción, que 1816 señala como más debilitados frente a sectores dinámicos como energía o minería. Para el ahorrista, la lección es doble: por un lado, evitar financiar consumo con créditos caros es prioritario; por otro, mantener liquidez es útil porque una crisis crediticia puede golpear ingresos y empleo. Además, el crecimiento del peso relativo de las entidades no bancarias —con mora cercana al 30%— aumenta el riesgo de pérdidas para quienes tienen saldo o financiamiento en esas plataformas.
Qué podés hacer ahora (pasos concretos)
Vemos tres prioridades prácticas y coherentes con nuestra posición: 1) Mantener un fondo de emergencia de 3–6 meses para poder afrontar shocks de ingreso sin entrar en mora. 2) Priorizar el pago de deudas caras: tarjetas y préstamos personales con TEA cercana al 100% o cargos y comisiones elevadas—si pagás más del 60–70% nominal, conviene reducir esa deuda primero. 3) Conservar una parte del ahorro en dólares o en instrumentos indexados; usar UVA como estacionamiento si se busca proteger contra inflación. En cuanto a las fintech: no es momento de tomar créditos de alto costo ni de confiar ciegamente en saldos que se puedan convertir en deudas; si tenés créditos en Mercado Pago o Ualá, revisá el detalle de la cartera, evaluá reestructurar cuotas antes de atrasarte y consultá alternativas bancarias más baratas. Por último, controlá domiciliaciones y pago automático: evitar sorpresas es ahorrar.
La morosidad alta y concentrada en actores fuera del sistema bancario no es solo una estadística; es algo que puede cambiar la disponibilidad de crédito y el bolsillo de muchas familias. Por eso lo práctico es tener liquidez, bajar deudas caras y no subestimar el valor de una porción del ahorro en activos que preserven poder de compra.