La morosidad familiar ya está en niveles que preocupan: 10,6% de las familias presentan atrasos en sus obligaciones y, entre los jóvenes de 18 a 21 años, la irregularidad llegó al 37,2% en enero 2026 (según Ámbito, 31/3/2026, citando al Centro de Estudios del Banco Provincia). Este primer párrafo resume lo central: la deuda dejó de ser sólo un dato macro y se siente en los bolsillos de los sectores más frágiles.
¿Por qué sube la mora entre jóvenes y jubilados?
Vemos tres factores que convergen. Primero, ingresos insuficientes: la nota indica que las jubilaciones mínimas perdieron poder adquisitivo y que el conjunto de los haberes cayó 40% entre 2017 y 2025 (según Ámbito, 31/3/2026). Segundo, el mercado laboral empuja la vulnerabilidad: la desocupación en jóvenes fue 16,8% en mujeres y 16,2% en varones, y la informalidad en el tercer trimestre de 2025 llegó a 67,4% (según Ámbito). Tercero, el crédito de corto plazo y el crédito digital crecieron con rapidez: los jóvenes entran al sistema con préstamos rápidos que elevan la exposición al impago. Para los jubilados, el recurso al crédito responde a ingresos insuficientes para cubrir gastos básicos. Es una suma de salarios rezagados, empleo inestable y mayor acceso a financiación flexible pero cara.
¿Qué riesgos implica esto para las familias y para el mercado?
El contagio puede ser doméstico y macro. A nivel micro, un hogar con deuda corta y salarios en baja ve reducir su capacidad de consumo; a nivel macro, mayores niveles de mora presionan a las entidades a endurecer condiciones y encarecer crédito. En la provincia de Buenos Aires la morosidad llegó a 15,4% en enero (subió casi dos puntos respecto al mes previo, según Ámbito/Centro de Estudios B. Provincia), y una de cada cuatro personas tiene atrasos superiores a 90 días, según la misma fuente. Además, la irregularidad es más alta en finteches: 42,2% de mora entre jóvenes en fintech frente a 34,3% en bancos; entre adultos mayores, fintech 18% vs bancos 6,8% (datos de Ámbito, 31/3/2026). Esos números anticipan restricciones de oferta crediticia, tasas más altas y un círculo que puede retroalimentar caída de consumo.
¿Qué puede hacer usted hoy? Acciones prácticas y prioridades
Primero, priorizar: identificar gastos esenciales y establecer un orden de pago. Si hay deudas con CFT muy alto (tarjeta o crédito digital), intentar renegociar plazos antes que tomar un nuevo préstamo. Segundo, evitar nuevas líneas fintech si el servicio muestra mora más alta; las cifras citadas (42,2% vs 34,3%) no son menores. Tercero, construir una caja de emergencia equivalente a 2-4 meses de gasto, y mantener parte en dólares o instrumentos indexados para preservar poder adquisitivo (recomendación consistente con posiciones previas). Cuarto, para jubilados: no pagar gestores para trámites de ANSES; denunciar intentos de estafa y pedir asistencia en la sucursal o por canales oficiales. Finalmente, si se dispone de ahorros, diversificar: una porción en liquidez para cubrir imprevistos y otra en cobertura contra inflación/dólar. No hay receta mágica, pero sí prioridad: proteger ingreso disponible y evitar replanteos de deuda que aumenten el costo financiero.
En síntesis: los números (10,6% de morosidad familiar; 37,2% entre 18-21; 15,4% en Buenos Aires en enero) muestran que el problema es simultáneamente social y financiero. La recomendación práctica es clara: ordenar prioridades de pago, negociar condiciones de deudas caras y preservar parte del ahorro en dólares o instrumentos indexados para amortiguar nuevas caídas del poder adquisitivo (según Ámbito, 31/3/2026).