El Merval cerró la semana con una baja semanal de 4,2% medida en dólares y una cotización final de US$2,44, mientras que el riesgo país trepó hasta 499 puntos, al filo de los 500 (según la nota del 6/6/2026).

¿Qué pasó esta semana?

La caída del Merval y la suba del riesgo país estuvieron coordinadas con una corrección global de activos de riesgo: el S&P 500 retrocedió alrededor de 2,4% y el Nasdaq cerca de 4% (según la nota del 6/6/2026), lo que empujó a los inversores a tomar ganancias en papeles locales y en ADRs como Ternium (-4,1%) y Tenaris (-3,8%) (según la nota del 6/6/2026). En renta fija, los globales cerraron la semana con bajas de entre 0,3% y 0,4% (Portfolio Personal de Inversiones), mientras que se observó un empinamiento de la curva y una rotación hacia bonos cortos tras el vencimiento del BPY26 (Balanz). En el mercado cambiario, el dólar mayorista terminó en $1.440,5 (+2,3% en lo que va de junio, vs. inicio de mes) y el minorista en $1.460 (Banco Nación), con el blue a $1.435 y tipos financieros: MEP $1.458,79 y CCL $1.511,96 (según la nota del 6/6/2026).

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Vemos una combinación de factores internacionales —aversiones al riesgo y corrección de índices globales— y dinámicas locales que aumentan la sensibilidad del mercado a cualquier noticia: la preferencia por cobertura cambiaria quedó reflejada en volúmenes atípicos en dollar-linked como el TZV26 (Balanz), y la rotación hacia bonos cortos muestra menor apetito por duration local (PPI; Balanz). El BCRA intentó amortiguar la volatilidad comprando US$45 millones, lo que representó 6,5% del volumen operado en el MULC (según la nota del 6/6/2026), y acumula US$437 millones en lo que va del mes y US$10.184 millones en el año (BCRA), pero igual las reservas brutas cedieron US$324 millones en la semana y quedaron en US$47.867 millones (BCRA), una señal de fragilidad operativa que los mercados leen con atención. El resultado es mayor prima de riesgo (499 puntos, +6 unidades semanalmente según JP Morgan), presión sobre tipos paralelos y demanda por instrumentos que cubran al tenedor local del activo real: cuando la confianza es tenue, cualquier drenaje de reservas o salto en riesgo país amplifica la brecha y encarece acceso a crédito.

Qué deberían hacer el gobierno y el BCRA

La suma de números obliga a una lectura prudente: apoyar la acumulación de reservas es positivo siempre que sea transparente, no constituya financiamiento encubierto del Tesoro y esté acompañado por anclas fiscales y mayor independencia del BCRA, posición que mantenemos (ver historial reciente). Con reservas brutas en US$47.867 millones y una compra semanal relativamente modesta de US$45 millones (BCRA), la prioridad debe ser reducir la vulnerabilidad fiscal para evitar que el BCRA termine siendo la fuente de liquidez del Tesoro, lo que socava la credibilidad. En términos prácticos eso implica: 1) anclar expectativas con metas fiscales creíbles comunicadas y cumplidas; 2) mantener la acumulación de reservas sin intervenciones opacas en mercados cambiarios; 3) permitir que los precios relativos —incluido el tipo de cambio— funcionen como señales, evitando cepos que distorsionen exportaciones y ahorro en moneda extranjera. Si no se cumple este combo, la próxima corrección global podría traducirse en una salida mayor de activos y en más presión sobre el tipo de cambio y la deuda soberana, algo que ya empiezan a anticipar los mercados (JP Morgan; PPI).