La demanda por atesoramiento cedió por segundo mes consecutivo y, según el vicepresidente del BCRA Vladimir Werning, quedan u$s3.200 millones de obligaciones negociables del sector privado por liquidar, un hecho que el banco interpreta como “más aire” para el dólar en el corto plazo y una posible contribución a la desinflación. Según Ámbito, el dólar oficial volvió a rozar los $1.380; según el BCRA, la compra neta de dólares por ahorro llegó a promedios de u$s5.458 millones entre julio y octubre de 2025 y luego cayó a u$s2.362 millones en los cuatro meses siguientes. Este primer dato resume la noticia y su relevancia para la presión cambiaria.
¿Por qué importa ahora?
La mecánica es simple y conocida: menos demanda de ahorro reduce salidas de reservas y presiona menos sobre el tipo de cambio. Werning destacó en su exposición que, además de la menor compra de ahorro, la liquidación pendiente de ONs por u$s3.200 millones puede aportar oferta de divisas cuando esos títulos se cancelen o se repatríen, según la presentación del BCRA en EEUU. Al mismo tiempo, el INDEC informó que las exportaciones subieron casi 20% mensual en marzo frente a febrero, impulsadas por maíz, lo que mejora los flujos comerciales, según el INDEC. Otros ingresos citados en la exposición fueron cerca de u$s690 millones distribuidos por empresas en dividendos en el primer trimestre, según Invecq, y u$s762 millones ya liquidados neto de importaciones por el RIGI de un total comprometido de u$s1.200 millones, según Werning.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Vemos el tipo de cambio como termómetro: menos presión de atesoramiento y mayor oferta por liquidaciones privadas suelen reducir el estrés cambiario y achicar la brecha si los flujos son sostenidos. En la práctica, el efecto dependerá de dos factores medibles: la velocidad de liquidación de esas ONs por u$s3.200 millones y la continuidad de las exportaciones, que en marzo crecieron casi 20% mensual según el INDEC. Sin embargo, la presentación también reconoce señales débiles, como que la compra de activos en pesos por no residentes sigue baja, lo que limita entradas de capital. Además, los bonos locales cayeron y el riesgo país aumentó en la rueda, según la crónica de mercado citada por Ámbito, lo que muestra que el alivio en el mercado de cambio no se traslada automáticamente al resto de los activos locales.
¿Es sostenible o es un respiro temporal?
Es un respiro, no una solución permanente, salvo que se acompañe de reglas claras. Si la mejora proviene de liquidaciones privadas y de mayor agroexportación, es legítima y reversible; si, en cambio, implica mecanismos opacos o financiamiento encubierto al Tesoro, estaremos acumulando vulnerabilidades. Por eso mantenemos la postura de apoyar la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales y rendición sobre el uso de activos. Con cifras a la vista —u$s3.200 millones en ONs pendientes, u$s762 millones liquidado por RIGI y u$s690 millones en dividendos en Q1, según las fuentes citadas— la pregunta clave es si esos dólares son recurrentes y previsibles; si no lo son, cualquier baja en la demanda de atesoramiento puede revertirse con rapidez.
En conclusión, observamos señales favorables que alivian la presión cambiaria a corto plazo, pero exigimos transparencia sobre el origen y destino de los flujos y anclas fiscales que hagan creíble la senda. Sin esos elementos, el “aire” para el dólar será temporal y la responsabilidad volverá a centrarse en la sostenibilidad fiscal y en la independencia del BCRA para evitar que cualquier mejora se convierta en financiamiento encubierto del Tesoro.