La estabilidad cambiaria del plan económico de 2026 se apoya en cuatro factores transitorios y el Banco Central compró cerca de u$s 10.000 millones en los primeros meses del año, según el FMI y el informe de Comafi.

¿De qué están hechos los “aliados” que sostienen el peso?

Vemos cuatro fuentes que explican buena parte de la oferta de dólares reciente: la liquidación de la cosecha gruesa, el superávit energético, las colocaciones de obligaciones negociables (ON) y los flujos financieros externos. En los últimos dos años las empresas emitieron alrededor de u$s 29.000 millones en deuda corporativa que ingresó al mercado local (según el informe citado en la nota), y solo en mayo el BCRA compró u$s 2.531 millones, gran parte impulsada por la cosecha (Suramericana Visión). Además, Comafi recuerda que el FMI proyecta una mejora de las reservas internacionales netas cercana a u$s 10.000 millones para 2026, una meta que depende de la continuidad de estos flujos. Estas cifras explican por qué el peso pudo apreciarse y la demanda de dólares se mantuvo contenida en los primeros meses.

¿Pueden desaparecer esos aliados en el segundo semestre?

Sí; la naturaleza estacional y externa de varios de esos factores los hace volátiles. La liquidación del agro tiende a concentrarse en el primer semestre y, por estacionalidad, perderá intensidad más adelante, lo que reduce los ingresos por ventas al exterior (mencionado por Comafi y Suramericana). El superávit energético puede contraerse en invierno por mayor demanda doméstica y por la normalización de precios internacionales si cede la tensión geopolítica en el estrecho de Ormuz (Suramericana). Las ON y los flujos financieros son por definición sujetos a apetito de riesgo: cuando las ventanas se cierran, como advierte CEPA y recoge el Staff Report del FMI, esos dólares dejan de ser una fuente fiable. Además, la incertidumbre política internacional —la correlación con el apoyo de la administración de EE. UU. observada en 2025— añade un factor de riesgo que puede acelerar salidas de capital.

¿Qué implicancias tiene esto para el tipo de cambio y el programa económico?

Si alguna combinación de esos aliados se debilita, veremos mayor presión sobre el tipo de cambio real y sobre las reservas netas, lo que obliga al gobierno a financiarse en condiciones más caras o a recurrir a medidas de emergencia. El Staff Report del FMI y los análisis privados señalan que el programa contempla emisiones y financiamiento privado para reconstruir acceso a mercados; si ese escenario no ocurre, el riesgo de suba del diferencial con el dólar paralelo y de un ajuste brusco aumenta. Desde la perspectiva de los mercados, la sostenibilidad del esquema depende tanto de la capacidad de refinanciar vencimientos como de la credibilidad fiscal y de la independencia del Banco Central: sin ellas, cualquier deterioro de los flujos obligará a ajustes dolorosos.

Qué deberían hacer el Gobierno y el Banco Central

Observamos tres prioridades concretas: transparencia, anclas fiscales y autonomía del BCRA. Primero, toda acumulación de reservas y el regreso del crédito externo deben comunicarse con claridad y auditoría pública para descartar financiamiento encubierto del Tesoro (nuestra posición previa). Segundo, el Gobierno debe traducir la ventaja transitoria de los flujos en un camino fiscal creíble: reducir déficit primario y consolidar reglas que limiten la tentación de usar reservas o crédito para gastos recurrentes. Tercero, el BCRA necesita independencia efectiva para que la política monetaria no quede subordinada a la caja del Tesoro; sin eso, la normalización del crédito y la formalización del ahorro pueden transformarse en maquillaje de financiamiento. En resumen, respaldamos la acumulación de reservas y el acceso al crédito extranjeros solo si son transparentes, no financian al Tesoro encubiertamente y vienen acompañados de anclas fiscales e independencia real del BCRA.