El Grupo de los 6 le cerró la puerta al crédito en dólares durante su reunión del martes con el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Según participantes del encuentro, la Asociación de Bancos de la Argentina (ADEBA) expresó que no están dispuestos a otorgar financiamiento en moneda extranjera por temor al descalce que derive en un colapso de deudas como el de 2001. La respuesta es un revés para el ministro de Economía, Luis Caputo, quien busca reactivar el sector inmobiliario mediante hipotecas dolarizadas.
Observamos acá una tensión fundamental: el Gobierno necesita crédito para impulsar sectores clave, pero el sistema financiero todavía tiene memoria institucional del desastre de la convertibilidad. No es capricho: cuando el peso se desplomó en 2002, los deudores en dólares vieron triplicarse sus cuotas de la noche a la mañana, generando defaults masivos y quebranto bancario. Los bancos aprendieron esa lección a golpes.
¿Por qué el sistema financiero se niega?
La reticencia de ADEBA tiene fundamentos técnicos sólidos. Según la Ley 26.546, sancionada en 2009, los bancos solo pueden otorgar préstamos en dólares a exportadores o empresas con ingresos directamente vinculados al comercio exterior. El objetivo era evitar el descalce de monedas: si un deudor cobra en pesos pero debe pagar en dólares, cualquier salto cambiario lo deja insolvente.
Para habilitar créditos hipotecarios en dólares, el Gobierno debe reformar esa ley en el Congreso y luego derogar circulares del Banco Central que blindaron al sistema desde principios de este siglo. No es un trámite administrativo: requiere mayorías legislativas y coordinación regulatoria. Caputo lo sabe, por eso vincula su plan a la Ley de Inocencia Fiscal, que busca garantizar que los fondos depositados no sean investigados por el origen.
Pero aún con ese marco legal, los bancos necesitan garantías adicionales. ¿Qué pasa si hay una devaluación? ¿Quién absorbe el riesgo de default masivo? ¿El Estado sale de garante implícito, como en 2002? Estas preguntas no tienen respuesta clara todavía.
¿El mercado inmobiliario necesita crédito en dólares?
Caputo argumenta que el sector inmobiliario solo se reactivará con hipotecas en dólares, porque los activos se cotizan en esa moneda y los compradores piensan en dólares. Tiene parte de razón: desde 2002, el mercado inmobiliario argentino funciona en una economía paralela dolarizada, con operaciones cash que excluyen a la mayoría de la población.
Según datos de la Cámara Argentina de la Construcción, la venta de propiedades en CABA cayó un 35% interanual en 2025, medida en unidades transaccionadas. Sin financiamiento, el mercado queda reservado para quienes tienen ahorros líquidos en moneda extranjera. Eso explica el interés del Gobierno por habilitar hipotecas: ampliar la demanda.
Pero observamos una paradoja. Para que el crédito en dólares sea seguro, se necesita estabilidad cambiaria prolongada. Y para lograr esa estabilidad, Argentina necesita crecer, acumular reservas y sanear las cuentas públicas. Es decir: el crédito hipotecario en dólares es consecuencia de la estabilidad, no su causa. Intentar forzarlo antes de tiempo puede generar más riesgo que beneficio.
¿Qué puede hacer el Gobierno?
Si el objetivo es reactivar el mercado inmobiliario, hay alternativas menos riesgosas que el crédito en dólares indiscriminado. Una opción es habilitar líneas hipotecarias en pesos con cláusula de ajuste por inflación (UVA o CER), que ya existen pero en volúmenes marginales. Según el Banco Central, el saldo de créditos hipotecarios en Argentina representa apenas el 1,2% del PBI, comparado con el 15% en Chile o el 25% en Estados Unidos. Hay margen para crecer en pesos indexados antes de saltar a dólares.
Otra vía es focalizar el crédito en dólares exclusivamente en quienes tienen ingresos dolarizados: exportadores agroindustriales, empresas de servicios IT, profesionales que cobran del exterior. Para ellos, el descalce no existe. Expandir gradualmente desde ese núcleo permitiría testear el mercado sin exponer al sistema a un shock.
Pero la respuesta del Grupo de los 6 deja claro que el sector privado no va a asumir riesgos que considera evitables. Si Caputo quiere avanzar, necesita construir consenso legislativo, coordinación con el BCRA y, sobre todo, demostrar que la estabilidad cambiaria llegó para quedarse. Sin eso, los bancos seguirán recordando 2001 y cerrando la puerta.