Las pretensiones salariales promedio de los trabajadores argentinos crecieron 3,33% en febrero y alcanzaron 1.755.866 pesos por mes, según el Bumeran Index. Este dato intermensual se ubica ligeramente por encima de la inflación del mes (2,9%, según el INDEC), pero en términos interanuales las expectativas salariales (+22,99%) siguen muy por debajo del alza de precios acumulada en 12 meses (33,1%, INDEC).

¿Qué dicen los números y cómo se comparan con la inflación?

Los datos muestran una actualización de demandas que, mes a mes, intenta recuperar poder adquisitivo. Según el Bumeran Index, la pretensión promedio subió 3,33% en febrero y quedó en 1.755.866 pesos mensuales. En ese mismo periodo el INDEC registró una inflación mensual de 2,9%, por lo que la variación de las aspiraciones salariales superó en 0,43 puntos porcentuales al aumento de precios del mes.

Esa lectura cambia cuando miramos el año: las pretensiones crecieron 22,99% en 12 meses, mientras que la inflación interanual fue del 33,1% (INDEC). Este desfase indica que, aun con reajustes recientes, las expectativas no han recuperado completamente la pérdida de salario real acumulada. Además, Bumeran detecta que cada vez más personas buscan más de un trabajo para llegar a fin de mes, lo que refuerza la idea de una presión sobre ingresos que no se resuelve solo con movimientos nominales.

¿Qué sectores y niveles empujaron la suba?

La suba no fue homogénea. Por seniority, los puestos de Supervisor o Jefe mostraron una pretensión promedio de 2.584.462 pesos, con un leve descenso mensual de 0,40% (Bumeran). Las categorías Semi-Senior y Senior registraron 1.751.637 pesos y fueron las que tuvieron mayor incremento intermensual (+4,74%). Los niveles Junior solicitaron 1.307.752 pesos, un aumento del 2,19% vs enero.

Por sectores, Tecnología y Sistemas lideró con subas mensuales fuertes: Bumeran reporta un aumento intermensual de 13,74% en ese sector, mientras que Recursos Humanos aparece con los mayores valores en junior y senior (1.562.500 y 1.990.000 pesos respectivamente). Administración y Finanzas mostró la mayor aceleración mensual relativa con un alza de 12,86% según el mismo informe. Estos movimientos sugieren que la oferta salarial se está reorganizando hacia actividades con mayor demanda de habilidades especializadas.

Impacto en salarios reales, empleo y brecha de género

Aunque algunas expectativas crecieron por encima de la inflación mensual, la persistente brecha respecto de la inflación anual implica una pérdida de salario real acumulada. Cuando los salarios no recuperan lo perdido, la demanda interna se debilita y la presión por tener varios empleos aumenta, lo que afecta la calidad del trabajo y la productividad a largo plazo. Bumeran también señala que los roles con mayores pretensiones siguen concentrados en funciones especializadas: el rol de Planeamiento Económico Financiero para supervisores llegó a 4.750.000 pesos.

La brecha de género es otra lectura clave. En promedio los varones pidieron 1.797.320 pesos y las mujeres 1.658.950, una diferencia de 8,34% a favor de los primeros (Bumeran). La disparidad se amplía con la jerarquía: en puestos de Supervisor o Jefe la brecha trepa al 19,80% (varones 2.763.994 vs mujeres 2.307.191). A la vez, en febrero las mujeres actualizaron sus expectativas mucho más rápido (+6,02% vs +0,71% de los varones), lo que podría indicar una recomposición futura pero también refleja acumulación de rezagos.

Qué política es coherente con estos datos

Frente a estos números sostenemos que una consolidación fiscal es necesaria pero no puede financiarse con recortes previsionales ni salariales. Cuando los salarios reales quedan atrás, la demanda se erosiona y la recuperación se vuelve más débil. Por eso exigimos medidas productivas y progresivas: incentivos a la formación y reconversión tecnológica, apoyo al empleo industrial que genera trabajo de calidad, y mecanismos de negociación colectiva que acoten la fragmentación salarial y la desigualdad de género.

Los datos del Bumeran prueban que hay presión por recomponer ingresos; la política pública debe responder no con ajuste vía salarios sino con herramientas que fortalezcan capacidad productiva y protección social. Si no, parte del ajuste seguirá recayendo sobre los trabajadores y las trabajadoras, con efecto negativo sobre la demanda agregada y el empleo a mediano plazo.