El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó un mensaje en su red social en el que amenazó con ataques masivos a la infraestructura iraní —“todas y cada una de las centrales eléctricas” y “todos y cada uno de los puentes”— si Teherán no acepta el acuerdo, y afirmó que el cierre del estrecho le cuesta a Irán “500 millones de dólares al día” (mensaje en Truth Social, 19/4/2026). La amenaza coincide con la octava semana de confrontación entre las partes, según la crónica de Ámbito del 19/4/2026. Este cruce de intimidaciones y negociaciones tiene impacto directo en el comercio energético: el estrecho de Ormuz concentra alrededor del 20% del petróleo transportado por mar, según la U.S. Energy Information Administration (EIA), y cualquier interrupción plantea subas de precios y volatilidad en los mercados financieros internacionales.

¿Qué dijo Trump y qué implica para los mercados globales?

La combinación de retórica belicista y continuidad de negociaciones es relevante porque altera la prima de riesgo global y los flujos energéticos. La amenaza explícita contra infraestructura crítica eleva la posibilidad de interrupciones sostenidas en el tránsito marítimo, y la EIA estima que el estrecho concentra cerca del 20% del petróleo por vía marítima (EIA). En mercados, eso suele traducirse en suba del precio del petróleo y en búsqueda de activos refugio (dólar, oro, bonos de gobiernos centrales). Observamos que la escalada lleva ocho semanas (Ámbito, 19/4/2026): la duración importa porque amplifica efectos secundarios como seguros más caros (war risk), desvíos logísticos y aumento de costos de flete. Para inversores institucionales, la pregunta es si esta es una escalada contenida o el inicio de un cierre prolongado; el mercado penaliza la incertidumbre y premia claridad sobre el suministro energético.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Para Argentina la transmisión suele venir por dos canales: precio de la energía y aversión global al riesgo cambiario. Una suba del petróleo incrementa importaciones energéticas y presiona la cuenta corriente; además, en momentos de tensión global los flujos hacia activos emergentes suelen reducirse, lo que complica la entrada de divisas. Vemos riesgo de apreciación del dólar paralelo y presión sobre reservas internacionales si la salida de capitales se acelera. En este contexto, la estrategia del Banco Central para acumular reservas toma mayor relevancia: respaldamos la acumulación siempre que sea transparente, no constituya financiamiento encubierto del Tesoro y venga acompañada de anclas fiscales (posiciones públicas del 1–19/4/2026). Si la acumulación fuera opaca, el mercado interpretaría esas compras como intento de sostener el tipo de cambio sin resolver el déficit fiscal, lo que podría terminar ampliando la brecha cambiaria en lugar de reducirla.

¿Qué deberían hacer las autoridades argentinas ahora?

Las autoridades tienen tres objetivos simultáneos: proteger reservas, anclar expectativas y evitar financiamiento oculto del Tesoro. Recomendamos medidas claras: 1) comunicar reglas y límites de las intervenciones del BCRA y publicar flujos diarios de reservas (transparencia); 2) condicionar compras de divisas a metas fiscales verificables (anclas fiscales); 3) evitar instrumentos que puedan interpretarse como adelantos al Tesoro. En momentos de tensión internacional, la primera reacción del mercado es castigar la incertidumbre; por eso la calma institucional y la transparencia son la primera defensa. Respaldamos flexibilizaciones técnicas como encajes o corredores de tasas si reducen volatilidad, pero exigimos salvaguardas para que no funcionen como financiamiento encubierto (posición emitida 19/4/2026). Sin estas garantías, la respuesta a una crisis externa puede transformarse en una crisis cambiaria doméstica.

En síntesis: la amenaza de ataques a la infraestructura iraní y el cierre parcial del tránsito por Ormuz elevan la probabilidad de volatilidad en precios de energía y en mercados financieros; para economías con vulnerabilidades externas, la receta sigue siendo la misma: acumulación de reservas con transparencia fiscal y reglas claras, no atajos que posterguen problemas estructurales.