Se trata de una propuesta política: la Fundación Libertad pide al círculo rojo aceptar que la estabilización puede tomar años —124 meses en su promedio histórico— y que episodios de rebote inflacionario son parte del proceso, según su informe del 27/4/2026.

¿Qué propone la “paciencia estratégica” y qué cifras la sostienen?

La usina liberal despliega historia comparada para justificar una desinflación lenta. Según su propio informe, los procesos exitosos promedian 124 meses y casos concretos citados son Uruguay 103 meses, Perú 89, Polonia 116 e Israel 151 (Fundación Libertad, 27/4/2026). El documento reconoce además que el programa actual está en su mes 27. Entre los números que usan para explicar la disciplina fiscal figuran un recorte interanual del 33,4% en subsidios y una recaudación que, en la acumulación del primer trimestre de 2026, suma 52,36 billones de pesos reales, una caída del 7,6% respecto a los primeros tres meses de 2025, siempre según ese informe. Es una narrativa coherente con una estrategia de estabilización prolongada, pero basada en sacrificios actuales que tienen impacto social inmediato.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Los datos oficiales muestran un mercado interno en tensión. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una caída interanual del 2,1% y la industria manufacturera cayó 8,7% en el mismo lapso, mientras que el comercio retrocedió 7,0% (INDEC). La tasa de desocupación ascendió al 7,5% según el INDEC, y hay ejemplos concretos de ajuste productivo: el cierre de líneas de producción como el de Electrolux en el país fue mencionado en la cobertura. Al mismo tiempo la balanza comercial aporta una cara positiva: 28 meses consecutivos de superávit de bienes y una balanza energética con un superávit de 1.090 millones de dólares en un mes atípico, además de una acumulación de reservas por más de 5.800 millones de dólares (informe Fundación Libertad). Ese doble movimiento —exportaciones y retracción interna— es lo que la nota califica como economía de dos velocidades.

¿Puede la macro fortalecerse sin castigar salarios y jubilaciones?

No hay receta mágica. La experiencia comparada que cita la Fundación muestra que la desinflación suele ser larga y no lineal, pero esa lección no legitima el olvido de la protección social. El propio documento admite que parte del equilibrio fiscal vino por el rezago en el ajuste de partidas indexadas como las jubilaciones y pensiones: si eso cambia retornará la presión sobre otras partidas a menos que suba la recaudación. Nosotros observamos que sostener la demanda interna —y por ende el empleo— requiere políticas activas: mantenimiento de ingresos de jubilados y asalariados, alivios fiscales temporales y focalizados para empresas en reconversión, y líneas de crédito para producción que integre valor local. Dejar que el mercado interno se licúe sería perder capacidad productiva que luego no se recupera fácilmente.

Qué medidas proponemos y qué no aceptamos

Apoyamos medidas focalizadas y temporales destinadas a preservar empleo y salarios en procesos de reestructuración: créditos a tasa subsidiada para empresas que transformen cadenas locales, programas de formación laboral vinculados a inversiones, y subsidios condicionados a mantenimiento de planteles. Rechazamos recortes a jubilaciones y a salarios como fuente de financiamiento. También pedimos transparencia: si la llamada paciencia estratégica implica costos sociales, eso debe medirse, cuantificarse y someterse a control público. La economía no es solo números macro; es trabajo, consumo y tejido productivo. Podemos aceptar transiciones largas solo si se acompañan de políticas que eviten la pulverización del salario y la pérdida de capacidades industriales.

En definitiva, la invitación a la paciencia tiene un asidero técnico, pero no puede convertirse en coartada para sacrificar empleo y protección social. Vemos la necesidad de combinar disciplina fiscal con medidas que sostengan la demanda y la producción nacional, manteniendo intactos los ingresos de jubilados y trabajadores.