La morosidad dejó de ser un problema solo de tarjetas y créditos personales y ya impacta en la cadena de pagos de las PyMEs, con efectos sobre la producción y el empleo. Según Leonardo Piazza, las líneas vinculadas al consumo muestran tasas de mora en torno al 14% para tarjetas y 12% para préstamos personales (según Leonardo Piazza; base temporal no especificada). Además, Piazza reportó que los cheques devueltos crecieron por encima del 3% en promedio, y que sectores como construcción, comercio e industria exhiben cifras de morosidad entre 4% y 6% (Piazza, Canal E). Por otra parte, Ramiro Tosi informó que el Banco Central acumula compras por alrededor de 2.500 millones en lo que va de mayo (Ramiro Tosi). Estas cifras señalan un deterioro que se aceleró en 2026, con un punto de inflexión entre febrero y marzo, según el propio analista.

¿Qué está pasando con la morosidad?

Observamos un fenómeno doble: por un lado, crecieron las demoras en créditos al consumo; por otro, la crisis se filtró a la cadena comercial. Piazza atribuye parte del problema al boom de créditos de 2024 y a un escenario macro más adverso en 2026. Entre febrero y marzo de 2026, dijo, se observó «un número que históricamente no lo habíamos visto», lo que implica una aceleración reciente (Leonardo Piazza, Canal E). Las cifras concretas ayudan a entender la magnitud: 14% y 12% en tarjetas y préstamos personales, respectivamente, y cheques devueltos arriba del 3% (Piazza). La falta de aclaración sobre la base temporal de esos porcentajes limita el diagnóstico técnico, pero la combinación de crédito barato en 2024 y una caída posterior en el ingreso real explica por qué muchos hogares y empresas se encontraron sobreapalancados.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La transmisión hacia las PyMEs es la parte más preocupante para la política económica. Cuando los cheques devueltos suben y la mora sectorial se ubica entre 4% y 6% en construcción, comercio e industria (Piazza), se traba la cadena de pagos: proveedores reciben menos, postergan compras, y las empresas reducen turnos o demoran salarios. Ese proceso erosiona la demanda agregada y genera desempleo, pues las PyMEs concentran gran parte del empleo formal. Además, la banca comercial puede endurecer condiciones de crédito justo cuando las empresas más necesitan fondeo, lo que retroalimenta el ciclo. El dato del Banco Central —compras acumuladas por ~2.500 millones en mayo, según Ramiro Tosi— muestra que hay intentos de estabilizar liquidez, pero no sustituye políticas que protejan ingreso y flujo de fondos en la economía real.

¿Qué políticas necesitamos ahora?

No vemos margen para resolver esto vía recortes a jubilaciones o salarios; esa receta amplificaría la caída de la demanda y empeoraría la mora. Proponemos medidas focalizadas: reempadronamiento de programas sociales para mejorar la focalización del gasto, y uso puntual y transparente del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para avalar líneas de crédito a PyMEs que mantengan empleo. También sugerimos instrumentos contra la mora en la cadena de pagos: prórrogas condicionadas, mediación comercial obligatoria y financiamiento puente con tasas reguladas para proveedores críticos. Finalmente, urge mejorar la información crediticia y exigir provisión de datos por parte de entidades financieras para identificar hotspots de riesgo. Estas medidas privilegian sostener el empleo y el consumo, evitando que la corrección financiera derive en ajuste social.

En síntesis, la morosidad ya no es solo un problema bancario: es un problema productivo y laboral. Las cifras divulgadas por Piazza y el dato sobre compras del BCRA ilustran una tensión creciente. La respuesta pública debe priorizar la preservación del empleo y la demanda, usando reservas públicas y garantías de forma focalizada, en lugar de horizontes de ajuste que castiguen a jubilados y trabajadores.