Se trata de la caída del ingreso disponible: según la consultora Equilibra, en marzo el ingreso disponible registró una baja de 1,9% interanual porque la inflación mensual (+3,4% en marzo) corrió por delante del aumento de los gastos fijos (+5,1% en el mes).
¿Qué está empujando la caída del ingreso disponible?
Observamos que la principal fuerza que reduce la billetera es la destrucción del poder adquisitivo salarial. Entre octubre y marzo el salario real general cayó 2,6% y en el sector formal la caída fue mayor, 3,6% en el mismo período, por el avance de precios que registró picos estacionales en marzo, según el análisis citado en la nota y los reportes de actividad. La inflación mensual de marzo fue 3,4% (fuente: artículo basado en datos de consultoras locales), mientras que algunas consultoras privadas anticipan desaceleración hacia cerca de 2% en mayo. Además, la menor capacidad de compra ya impactó el comercio: INDEC reportó que entre octubre y marzo el consumo desestacionalizado cayó 7% en shoppings y 3% en supermercados, cifras que coinciden con la sensación de los empresarios sobre demanda insuficiente.
¿Cómo impactan los gastos fijos y la focalización de subsidios?
Los gastos regulados están corriendo por delante del nivel general: en lo que va del año los precios regulados subieron 17,5% contra 12,3% del nivel general, lo que comprime aún más el ingreso disponible (fuente: nota informativa sobre evolución de precios regulados y nivel general). La distribución de esa carga es desigual: Empiria calcula que los gastos fijos absorben 24% del ingreso promedio, pero se llevan 33% en los hogares más pobres y apenas 14% en los más ricos. El reemplazo de la segmentación por el sistema de subsidios energéticos focalizados (SEF), que deja subsidio sólo a hogares por debajo de tres canastas básicas según la Secretaría de Energía, es un intento por mejorar la progresividad. La Secretaría además autorizó una bonificación extra de gas del 25% para beneficiarios del SEF en mayo y la prorrogó para junio, una medida puntual para mitigar la presión en los hogares más vulnerables.
¿Qué significa esto para el consumo y la producción?
La relación es directa: menor ingreso disponible reduce demanda y frena la producción. La encuesta de tendencias de negocios del INDEC muestra que 57% de los supermercados y 52% de los industriales señalan la demanda interna insuficiente como el principal freno al crecimiento. Con el salario real cayendo entre octubre y marzo y las boletas aumentando en términos reales, el mercado interno pierde dinamismo; los sectores que emplean mucha mano de obra, como el comercio y la industria manufacturera de consumo masivo, sienten primero ese impacto. Desde la perspectiva del empleo, una recuperación basada solo en bajar salarios no es sostenible: salarizar la competitividad mediante precios contenidos sin impulsar productividad implica sacrificar demanda agregada y profundizar la recesión.
Qué proponemos ahora y hacia adelante
Mantener la cohesión social y la demanda es prioritario. Rechazamos financiar la estabilización con recortes a jubilaciones o salarios; en su lugar proponemos uso focalizado del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para programas temporales que sostengan ingreso y empleo, y un reempadronamiento de transferencias y subsidios para mejorar targeting y evitar filtraciones. También sugerimos ampliar medidas temporales como la bonificación de gas para hogares en situación de vulnerabilidad durante los meses de mayor demanda energética y coordinar esas medidas con políticas activas de empleo y crédito para pymes. En el mediano plazo, la clave es combinar ajuste tarifario con inversión en eficiencia energética, manejo preventivo de stock y diplomacia energética para reducir vulnerabilidad externa; sin proteger el ingreso disponible no habrá reactivación sostenida de la demanda interna.