La industria argentina funcionó al 54,1% de su capacidad en el primer bimestre de 2026, el nivel más bajo desde la crisis de 2002, según el INDEC. En febrero la utilización fue de 54,6% (mensual), cuatro puntos por debajo de febrero de 2025, y el promedio bimestral retrocedió 2,7 puntos interanuales respecto al mismo período del año pasado (INDEC). Este dato no es una curiosidad estadística: refleja plantas con líneas paradas, menos turnos y una mesa de sueldos y salarios con menos trabajo detrás. El diagnóstico oficial del INDEC ya combina demanda interna débil y presión de importaciones; sin una respuesta pública coordinada, la caída de producción se terminará transfiriendo a empleo y capacidades productivas perdidas.

¿Qué sectores colapsaron y cuáles resisten?

La radiografía del INDEC muestra una industria fragmentada: la metalmecánica fue la más golpeada con 33,9% de utilización en febrero (mensual), muy por debajo del 44% registrado un año atrás (INDEC). La automotriz utilizó 38,9% de su capacidad en febrero, una caída interanual de casi 16 puntos porcentuales (INDEC). La producción de acero cayó 14% interanual, lo que arrastró a las industrias metálicas básicas (INDEC). En el otro extremo, la refinación de petróleo operó al 88,9% (mensual), papel y cartón al 65,9% y productos alimenticios y bebidas al 58,6% (INDEC). Estos datos confirman que los rubros ligados a commodities o insumos básicos resisten mejor, mientras que los orientados al mercado interno sufren la retracción.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La caída de la utilización se traduce rápidamente en menor empleo y menor demanda agregada: la Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC muestra que 51,9% de los empresarios identifica la demanda interna insuficiente como la principal limitación para producir más, y 11,8% marca la competencia de importaciones como el factor central (INDEC). Menos producción significa menos horas trabajadas y más riesgo de despidos en sectores como metalmecánica y autopartes, donde el empleo es intensivo y de mayor remuneración promedio. Desde la perspectiva distributiva, una estrategia que priorice la contención de costos a punta de recortes salariales o jubilatorios agravaría la caída de la demanda y profundizaría la crisis. Por eso vemos necesario un apoyo público que proteja empleo y consumo.

Qué hacer: medidas urgentes y de mediano plazo

Las cifras exigen una combinación de medidas urgentes y de política productiva. En lo inmediato proponemos alivios fiscales focalizados y temporales para empresas que mantengan el empleo y para programas de sostén al consumo familiar, con mecanismos de transparencia y rendición de cuentas (coincide con nuestra posición previa). Esas ayudas no deben financiarse con recortes a jubilaciones ni a salarios. A mediano plazo hacen falta controles inteligentes sobre el ingreso de importaciones que compiten con producción local, administración cambiaria que reduzca la apreciación real y líneas de crédito a tasa subsidiada para inversión y reconversión tecnológica. La industria puede recuperarse, pero solo si las políticas sostienen la demanda, protegen empleos y promueven la productividad en vez de licuar el mercado interno.