La escasez de residuos de papel, producto de la caída del consumo y de la menor actividad gráfica, duplicó el precio de la materia prima reciclada: el kilo de papel de descarte pasó de ubicarse históricamente entre 0,15 y 0,20 dólares a 0,30 dólares (según Dólar Hoy, 6/3/2026). Esa suba en la base de la pirámide productiva alimenta un sobrecosto que hoy no se traslada completamente a góndola por la recesión.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Vemos un efecto en cadena: menos impresión y menos residuos urbanos reducen la oferta de materia prima reciclada; eso empuja al alza el costo del insumo para las papeleras y las plantas tissue. Según la nota publicada el 6/3/2026, el kilo de descarte alcanzó 0,30 USD, frente a 0,15–0,20 USD histórico, lo que implica un incremento de ~100% en la materia prima (Dólar Hoy, 6/3/2026). Al mismo tiempo, FAIGA señala que la capacidad de la gráfica era del 50% a fines de 2025 y que en provincias del interior se desplomó 10 puntos hasta perforar el 40% (relevamiento FAIGA, 2026). Esa menor actividad explica por qué hoy las plantas tissue dicen no poder absorber más costos: la demanda final está deprimida y cualquier intento de ajuste de precios choca con ventas bajas.

¿Qué opciones tienen las pymes y las imprentas?

Las alternativas son limitadas pero concretas. Primero, negociar compras agrupadas de descarte o de insumo virgen para mejorar escala y precio; la nota indica que muchas firmas medianas optan por importar papel desde Brasil, EE. UU., China e India (Dólar Hoy, 6/3/2026), lo que es una opción si los costos logísticos y arancelarios lo permiten. Segundo, evaluar almacenamiento estratégico de insumos si la caja lo permite —pero sin endeudarse a tasas elevadoas—. Tercero, ajustar mix productivo hacia nichos menos expuestos (por ejemplo tiradas cortas o packaging industrial) y revisar contratos con indexación de precios para no absorber shocks. Como vimos en posiciones previas, recomendamos evitar créditos comerciales con CFT muy altos y, si se recurre a financiación, comparar el costo total antes de firmar.

¿Qué puede hacer el consumidor y el ahorrista?

Para el consumidor: considerar compras por unidad económica (packs grandes), optar por marcas propias y aprovechar canales mayoristas o compras grupales —estrategias que ya hemos recomendado en notas anteriores. Para el ahorrista: mantener parte del ahorro en dólares y otra parte en instrumentos pesos indexados; esa recomendación es consistente con nuestras posiciones del 5 y 6 de marzo de 2026 y responde a la realidad de inflación como línea de base. Si la empresa decide cubrirse con stock, es preferible hacerlo con liquidez disponible y no con crédito caro. En el caso de ver señales de repunte de consumo, las empresas podrían trasladar parte del costo a precios: ante ese escenario, quien tenga ahorro en dólares o instrumentos indexados estará mejor protegido.

¿Qué deberían pedir las pymes al Estado?

Las pymes necesitan medidas temporales y focalizadas. Pedir: 1) líneas de crédito con tasas subsidiadas y CFT controlado para financiar stock y capital de trabajo; 2) revisión del arancel cero reciente para importaciones de papel o la implementación de salvaguardias temporales que permitan competir a la producción local (la nota menciona la decisión del Ministerio de Economía de llevar a arancel cero estas importaciones, Dólar Hoy, 6/3/2026); 3) programas de apoyo al circuito de reciclaje urbano que incentiven la recolección y la formalización del recupero. En la práctica, medidas que reduzcan el costo de la materia prima reciclada o compensen la pérdida de escala ayudarán a evitar despidos y suspensiones. La reunión federal convocada para el 18 de marzo buscará cuantificar daños y unificar reclamos (según la nota, Dólar Hoy, 6/3/2026).

Conclusión: la mecha es corta. El doble del precio del descarte y la operación industrial lejos de plena capacidad son señales de riesgo para la cadena tissue. Por eso recomendamos que las pymes prioricen compras grupales y eficiencia operativa, que eviten créditos caros y que los ahorristas mantengan parte de su cartera en dólares y en instrumentos indexados para mitigar la volatilidad y la erosión por inflación.