La industria argentina perdió cerca de 160 empleos por día entre el tercer trimestre de 2023 y mediados de 2025, y su PBI per cápita volvió a niveles de 1985, según el Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL) de la UBA, en base a datos de la Secretaría de Trabajo. Estos dos datos condensan una caída sostenida de la actividad manufacturera: caída de empleo, pérdida de peso relativo en el PBI y menor capacidad para producir localmente.
¿Qué nos dicen los números?
El diagnóstico cuantitativo es severo y consistente. CEHEAL (UBA) reporta que entre noviembre de 2023 y agosto de 2025 la industria eliminó 77 empleos registrados por día y más de 2.300 por mes, y que considerando la informalidad (más de la mitad del empleo industrial según el Centro de Estudios de la UIA) las pérdidas totales rondan los 160 empleos diarios. Desde el máximo de octubre de 2013 se habrían perdido cerca de 115.000 empleos formales en la industria (-9%), dice el informe. En términos de producción, el PBI per cápita industrial se sitúa en niveles de 1985 y el share industrial sobre el PBI pasó del 16,5% al 13,7% entre 2023 y 2025 (CEHEAL/UBA). Estos números no son cifras aisladas: marcan deterioro estructural y pérdida de masa crítica productiva.
¿Por qué se derrumba la industria?
Las causas que enumera el informe combinan factores de demanda, oferta y financiamiento. En demanda, la baja del consumo interno reduce mercados para bienes producidos localmente. En oferta, la apertura comercial sin mecanismos compensatorios derivó en un boom de importaciones —por ejemplo, la industria de bienes de capital cayó casi 25% entre 2023 y 2025 mientras sus importaciones crecieron 77%, según CEHEAL/UBA— que compite con producción nacional. En financiamiento, el centro detecta un “desfinanciamiento público” del sector y señala que el apoyo se concentró en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), sin una cobertura amplia para pymes y proveedores locales. Además, la volatilidad de las tasas desde mediados de 2025 redujo el acceso al crédito (CEHEAL), y el uso de capacidad instalada promedió 58% en 2024-2025, uno de los registros más bajos de la última década.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
La caída industrial golpea dos veces: destruye empleo y erosiona la demanda agregada. Perdemos puestos de trabajo formales y no formales (CEHEAL; Centro de Estudios de la UIA), con el consiguiente efecto sobre el consumo y la cadena de valor local. El sector ya mostró una contracción del 8,3% durante la actual administración (CEHEAL), y la reducción del peso de las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) en las exportaciones al 28% —desde picos del 35%— revela pérdida de competitividad sectorial. Desde nuestra perspectiva sostenemos que el salario no es solo un costo sino demanda: la destrucción de empleo industrial agrava la recesión interna y dificulta cualquier recuperación sustentable. Por eso la recomposición salarial y la integración de sumas al básico son centrales para sostener la demanda que alimente la industria.
¿Qué políticas faltaron y cuáles fueron contraproducentes?
El informe apunta a tres omisiones claves: ausencia de políticas compensatorias frente a la apertura comercial, apoyo público concentrado en pocos proyectos (RIGI) sin condicionalidades laborales, y falta de crédito accesible para la trama de pymes. El RIGI, en la práctica, canalizó incentivos a grandes inversiones pero sin suficientes salvaguardas para empleo ni cláusulas que integren la recomposición salarial al básico, una crítica que venimos sosteniendo. Tampoco hubo medidas temporarias de salvaguarda comercial para sectores críticos que hoy trabajan a 58% de capacidad. Finalmente, la volatilidad de las tasas y el desfinanciamiento público cerraron fuentes de crédito productivo en un momento de necesidad, según CEHEAL/UBA.
Qué proponemos: medidas urgentes y de mediano plazo
Exigimos medidas inmediatas que combinen protección del empleo, recomposición salarial formal y reconstrucción productiva. En lo urgente: 1) condicionar apoyos (incluido el RIGI) a cláusulas de mantenimiento y creación de empleo y a la integración de mejoras salariales al salario básico; 2) líneas de crédito a largo plazo y tasa fija para pymes industriales, con garantías públicas; 3) medidas temporarias de salvaguarda a importaciones de bienes de capital donde la producción local está activa y operando por debajo de capacidad (uso de capacidad promedio 58% en 2024-25, CEHEAL). A mediano plazo hay que orientar incentivos a inversión productiva con contenido local, capacitación y encadenamientos industriales, porque la competitividad no se consigue con salarios deprimidos sino con productividad. Sin políticas que vinculen demanda, empleo y producción, el retroceso que muestran los datos será difícil de revertir.