La banca sostiene que el crédito a las familias no llega al 6% del PIB y advierte que proyectos de condonación podrían reducir el financiamiento formal. Según Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), el crédito bancario a hogares no alcanza el 6% del PIB y, aun sumando fintechs, cooperativas y tarjetas regionales, el acceso total del sector familiar al crédito sigue por debajo del 10% del PIB, en una comparación hecha en una entrevista con Ámbito.

¿Qué dicen los números?

Los datos oficiales acompañan parte del diagnóstico y muestran tensiones crecientes. La tasa de irregularidad del crédito al sector privado se ubicó en 6,7% en febrero, 0,3 puntos porcentuales por encima del registro de enero, según el último informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Al desagregar, el indicador para las familias alcanzó 11,2% en febrero, mientras que el de las empresas fue 2,9% (BCRA, informe de febrero). La ABA agrega su estimación sobre niveles relativos de crédito al comparar stock con PIB, al señalar que la banca tradicional no llega al 6% del PIB y que, incluyendo otras fuentes, el acceso no supera el 10% (entrevista en Ámbito). Estos números muestran un doble problema: baja profundidad financiera y una mora concentrada en hogares.

¿Cómo impacta esto en las familias y en el empleo?

Vemos que la mora crece donde ya hay mayor fragilidad de ingresos. Una tasa de irregularidad de 11,2% en créditos a hogares (BCRA, febrero) refleja el retraso de salarios y el aumento de tasas que mencionó Cesario. Cuando los hogares pierden poder de compra o enfrentan cuotas que suben real en contextos de tasa real positiva, la capacidad de repago se deteriora. Esto tiene efectos sobre el empleo porque el crédito doméstico sostiene consumo y, por ende, demanda de bienes producidos localmente. Reducir artificialmente el acceso al crédito formal sin alternativas públicas puede trasladar a sectores vulnerables hacia prestamistas informales, como advirtió la ABA, con el costo social que eso implica. Por eso insistimos en priorizar medidas que sostengan salario y empleo como condición para una expansión crediticia sana.

Cómo expandir crédito sin castigar salarios ni jubilaciones

La apertura del crédito es deseable, pero la política debe ordenar incentivos y garantías públicas. Primero, fortalecer líneas de crédito públicas y de bancos públicos destinadas a inversión productiva y consumo durable con tasas reales compatibles con la recuperación del salario. Segundo, diseñar programas de reestructura individualizada y temporaria, no condonaciones masivas que erosionen la confianza de depositantes y reduzcan fondeo, como alertan los banqueros. Tercero, reforzar supervisión y protección al consumidor: el BCRA ya supervisa al sistema, pero hacen falta reglas claras sobre reestructuras, transparencia de costos y mecanismos que eviten el desalojo financiero de hogares vulnerables. Finalmente, cualquier estímulo al crédito debe ir acompañado de políticas activas de empleo y de recuperación salarial; sin demanda sostenida, más crédito solo amplifica riesgo de mora.

En suma, apoyamos una expansión responsable del crédito familiar que combine fondeo público orientado, regulación que proteja al usuario y medidas de restitución salarial. Rechazamos soluciones que recurran a recortes de jubilaciones o salarios para financiar alivios, y también rechazamos condonaciones automáticas que terminen por empobrecer a ahorristas y achicar el crédito formal. El desafío es construir crédito que impulse producción y empleo, no atajos que terminen por profundizar la exclusión financiera.