La tasa de desocupación oficial cayó al 6,6% en el tercer trimestre del año, desde 6,9% en el mismo período de 2024, de acuerdo con datos del INDEC. Este dato fue usado por el Presidente para afirmar que el empleo creció más que la oferta laboral. Sin embargo, al mirar la composición del empleo descubrimos una historia menos optimista: el aumento fue en buena medida por trabajo no asalariado e informal, y sectores clave como la construcción muestran retrocesos severos.

¿Qué dicen los números y cómo leerlos?

A simple vista la lectura es positiva: 6,6% de desempleo segun el INDEC y 958.000 personas desocupadas en el universo de 31 aglomerados que releva la Encuesta Permanente de Hogares, sobre una PEA de 14,6 millones (INDEC). Pero las consultoras advierten matices. Equilibra señala que en un trimestre con actividad creciendo 3,3% interanual, el empleo aumentó solo 1,8%, explicado por mayor cuentapropismo e informalidad. LCG reporta que la participación de trabajadores no asalariados en los ocupados subió del 26,9% al 28,1% en un año, vinculada a la expansión del monotributo tras relajamientos fiscales. Es decir, hay menos desocupación estadística, pero más contratos frágiles y baja incorporación a empleos registrados (Equilibra; LCG; INDEC).

¿Se crearon empleos de calidad o solo empleo precario?

La respuesta importa porque empleo no es solo un número: es ingreso estable, aportes y derechos. Los datos disponibles muestran que gran parte del crecimiento del empleo fue cuentapropista o en plataformas de trabajo, modalidades con menores salarios, menor protección social y alta rotación (Equilibra; LCG). Además, en la construcción se advierte una pérdida de 120.000 puestos y una caída de la actividad cercana al 25% según reportes del sector citados en la nota original, lo que destruye empleos formales de mayor calidad. En ese contexto la baja del desempleo puede ocultar una recomposición hacia formas laborales más precarias y una reasignación sectorial que no amplía empleos con derechos.

¿Qué implicaciones distributivas y de género trae esta dinámica?

Cuando el empleo crece por informalización, la distribución del ingreso suele empeorar porque los salarios medios caen y la protección social disminuye. La informalidad afecta especialmente a hogares con mayores cargas de cuidado y menor capacidad de negociación salarial; por ello las mujeres y los trabajadores de tiempo parcial suelen quedar más expuestos. Si la expansión laboral se da por plataformas y monotributistas, la recaudación y los aportes caen, limitando recursos para políticas públicas. En términos agregados, los 3,1 millones de desocupados que resultan de extrapolar los 958.000 del relevamiento (según la nota y cálculo de la extrapolación del INDEC) contrastan con una imagen electoralmente positiva pero socialmente incompleta.

Qué políticas hacen falta para que la baja del desempleo sea real y sustentable

No alcanza celebrar una tasa menor si se consolida la precariedad. Vemos la necesidad de políticas activas: formalización con incentivos a la contratación registrada, fiscalización dirigida a prácticas de plataformas que externalizan costos, y una recomposición salarial que se integre al básico para recuperar poder adquisitivo y demanda agregada. También es imprescindible acompañar estas medidas con políticas sectoriales para reactivar la construcción y la industria, donde se generan empleos formales de mayor calidad. La agenda debe combinar protección del empleo, políticas de cuidado y regulación del régimen de monotributo cuyos relajamientos explican parte de la migración a la no asalariación (LCG; Equilibra; INDEC). Sin estas correcciones, la baja del desempleo corre el riesgo de ser una mejora estadística sin consolidación social.