El Gobierno de Javier Milei está dispuesto a sacrificar nivel de actividad para intentar bajar la inflación: según E2, la base monetaria ajustada por el IPC (INDEC) cayó -11,9% en lo que va de 2026, una señal de megacontracción monetaria orientada a reducir pesos en circulación y, con ello, la demanda de dólares.

¿Qué significa que el Gobierno “quiera” menos actividad?

Vemos una estrategia explícita: bajar la demanda doméstica como atajo hacia la desinflación. La lógica es simple y cruda: menos pesos, menos presión importadora y menos compras de dólar ahorro y dólar tarjeta. El propio texto de E2 registra que la inflación minorista intermensual de marzo fue +3,0% (INDEC) y que la inflación anual ronda niveles extremadamente altos —E2 cita cerca de 211% interanual—; con ese piso inflacionario, el Gobierno apuesta por una corrección vía restricción. Eso implica menores salarios reales y menor demanda interna en el corto plazo. Históricamente, en Argentina medidas que reducen la actividad para contener precios suelen amplificar pérdidas de empleo y erosionar credibilidad si no van acompañadas de reglas claras y respaldo de reservas reales.

¿Cómo impacta esto en el tipo de cambio y las reservas?

La apuesta depende de que el dólar nominal no corrija al alza; pero la realidad empuja al revés. Según E2, la apreciación del tipo de cambio real alcanzó niveles récord en marzo de 2026, y la estrategia requiere que la moneda siga «abaratándose» en términos reales para contener costos. Al mismo tiempo, la cuenta de divisas muestra tensiones: E2 estima un superávit comercial potencial de US$21.000 millones en 2026, pero compara esto con demanda anualizada de dólar ahorro de US$29.186 millones y gasto con tarjeta por US$11.528 millones en el primer bimestre (E2), más compras del Estado estimadas en US$9.000 millones —lo que deja un faltante teórico cercano a US$28.694 millones según el mismo cálculo. Si esos números se materializan, la escasez podría forzar un ajuste nominal del tipo de cambio, abortando la desinflación y exacerbando la recesión.

¿Qué señales piden los mercados y por qué importa la transparencia en reservas?

Los inversores juzgan dos cosas: si la política es sostenible y si las reservas del BCRA son genuinas. Nosotros respaldamos la acumulación de reservas solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro. Si la recuperación de reservas se logra con operaciones opacas o swaps que disfrazan pasivos, la percepción empeora y el riesgo país sube. Además, la ausencia de IED neta es preocupante: E2 apunta que Milei es el único presidente de los últimos seis con saldo negativo de IED después de 26 meses. Los mercados institucionales pedirán mejores plazos de deuda y divisas netas si se reabre el acceso a mercados (emisión en Wall Street): apoyaremos esa vía solo si mejora vencimientos, aporta divisas netas y no es financiamiento encubierto del Tesoro.

¿Hay alternativas viables y qué recomendamos?

Existen dos correcciones que, al menos teóricamente, aumentan la probabilidad de éxito: 1) sincerar el tipo de cambio y eliminar controles para que la paridad se ajuste en términos nominales; 2) construir reservas limpias mediante financiamiento externo que mejore vencimientos y no sea caja fiscal. Ambas opciones requieren costos políticos inmediatos: devaluación, ajuste transitorio y disciplina fiscal. La historia argentina enseña que los atajos —cepos, reglas cambiantes, emisión camuflada— solo posponen la factura. Por eso insistimos en la transparencia de las reservas y en condiciones de mercado claras antes de celebrar cualquier reducción de la actividad como «éxito» de política económica.

En suma, la estrategia de inducir menor actividad para domar la inflación puede funcionar temporalmente si va acompañada de reservas fiables y reforma institucional; sin eso, corremos el riesgo de una nueva U en la inflación, mayor desempleo y pérdida de credibilidad del BCRA.