La inflación amenaza con volver a 3% mensual en marzo: consultoras ya proyectan un IPC cercano al 3% y Equilibra midió un avance de 1,7% en los primeros cinco días de marzo, frente al 1,3% de la primera semana de febrero (según Equilibra). Esta nota analiza de dónde viene la presión sobre precios y qué implica para salarios, consumo y políticas públicas.
¿Qué está empujando los precios ahora?
Observamos que la suba no es casual ni homogénea: los precios regulados mostraron un salto de 2,5% en la semana inicial y explicaron una parte importante del impulso inflacionario, según Equilibra. El sector transporte y las tarifas energéticas explicaron buena parte del alza regulada, mientras que el barril de petróleo superó los u$s90 y acumuló cerca de un 30% de aumento en una semana, presionando combustibles y logística (según el relevamiento de la nota). Además, la composición del índice muestra Núcleo al alza —la medición Núcleo avanzó 1,8% y la carne aportó 0,3 puntos porcentuales a ese componente, según Equilibra—, lo que revela que no se trata solo de ajustes administrados sino de incrementos de demanda y costos en bienes de alta incidencia.
¿Cómo impacta esto en salarios y consumo?
Vemos tres canales de transmisión claros: licuación de ingresos reales, pérdida de poder adquisitivo de los hogares y riesgo sobre la demanda agregada. En febrero, los relevamientos muestran dinámicas salariales puntuales —por ejemplo, un ajuste de 1,8% para encargados de edificios reportado en el relevamiento citado— que conviven con aumentos de precios por encima de ese piso (según el artículo). Si la recomposición salarial no se integra al básico y queda en sumas no remunerativas, se protege poco el salario real y además se fragmenta la cobertura social y laboral. Desde nuestra perspectiva, sostener el salario como componente de demanda es clave: salarios que no recuperan poder de compra terminan debilitando el mercado interno y poniendo en riesgo empleo, especialmente en sectores intensivos en mano de obra.
¿Por qué sube la carne y qué implica el impulso a las exportaciones?
La carne es hoy un factor central de la inflación alimentaria: Analytica midió carnes y derivados +4,9% en las últimas cuatro semanas y pescados y mariscos +7,0% en el mismo período (según Analytica). Labour Capital & Growth (LCG) registró una suba semanal de la carne del 1,8% que tuvo una incidencia de 0,55% en el índice semanal de alimentos (según LCG). El Gobierno busca incrementar exportaciones por cerca de u$s800 millones, pero incrementos en el volumen exportado sin salvaguardas de oferta interna suelen trasladar precios al mercado local. Con verduras mostrando caídas fuertes en algunos relevamientos (lo que moderó el promedio), la presión concentra en pocos rubros de alta ponderación, lo que vuelve más volátil el índice y más peligroso para los hogares de menores ingresos.
Qué medidas deben priorizarse
Exigimos una recomposición salarial integrada al básico y medidas que protejan ingreso y empleo: los aumentos deben formalizarse para preservar jubilaciones y bases contributivas, en línea con posiciones previas sobre consolidar salarios. Al mismo tiempo, las políticas para contener precios no pueden ser solo ajustes tarifarios generalizados: la focalización de subsidios energéticos y el control de costos de transporte reducen la incidencia sobre los sectores más vulnerables. En el frente agroexportador, cualquier impulso a exportaciones debe acompañarse de instrumentos que preserven la oferta doméstica —stock mínimo, retenciones móviles o compromisos de volumen— para evitar traspasar renta externa a precios internos. Finalmente, la regulación sobre tarifas y la coordinación con convenios salariales deben priorizar la demanda y el empleo: la inflación que vuelve a rondar 3% mensual exige respuestas que no desarmen el mercado interno ni precaricen el trabajo.