La inflación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se aceleró a 3% en marzo, según el Instituto de Estadística y Censos de la CABA (IPCBA), cuatro décimas por encima del 2,6% de febrero (IPCBA). Este dato resume el remezón que dejaron el regreso a clases, el traslado del salto internacional del petróleo y nuevas subas de tarifas, y adelanta riesgos al alza para el IPC nacional que el INDEC publicará el próximo martes.
¿Qué dijo el IPC porteño y qué números importan?
El IPCBA marcó 3% mensual en marzo y 32,1% interanual, con un acumulado de 8,9% en el primer trimestre (IPCBA). Los bienes crecieron 2,8% y los servicios 3,1% en marzo, aunque la aceleración de los bienes (subieron 2,8% tras 1,9% en febrero) sugiere mayor transmisión al índice nacional por la distinta ponderación de servicios (IPCBA). Entre los capítulos con mayor variación están Educación 8,6% mensual, Transporte 6% y Vivienda, agua, gas y otros combustibles 3,2% (IPCBA). En regulados se registró un salto de 6,5% mensual, mientras que el capítulo Estacionales cayó 4,5% (IPCBA). Estos números son consistentes con el impacto del precio internacional del petróleo y la política tarifaria vigente, y coinciden con las advertencias de consultores que ubican el posible IPC nacional de marzo alrededor de 3% (REM del BCRA y consultoras citadas en Ámbito).
¿Cómo impacta esto en los hogares y el mercado laboral?
La aceleración contiene efectos distributivos concretos. Alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 2,6% mensual y las carnes 6,3% (IPCBA), lo que golpea más a los hogares de menores ingresos donde la alimentación pesa mayormente en la canasta (IPCBA). Las subas en combustibles, reportadas en torno al 24% mensual en la medición porteña por el traslado de la suba internacional del crudo, incrementan costos de transporte y de insumos para pymes industriales y comercios (IPCBA). En un país con empleo precario, cada punto de inflación erosiona salario real y empuja demandas por recomposición. Frente a esto, la política debe priorizar preservar el empleo y el poder de compra: apoyamos alivios fiscales focalizados y transitorios orientados a proteger empleo y consumo, siempre con transparencia y sin financiarse con recortes a jubilaciones o salarios.
¿Qué debería hacer la política económica ahora?
Primero, contener la transmisión de precios regulados y combustibles mediante medidas temporarias focalizadas. Eso puede incluir compensaciones dirigidas a sectores vulnerables o acuerdos con empresas distribuidoras para escalonar aumentos, en lugar de aliviar a los segmentos de mayores ingresos. Segundo, coordinar una respuesta fiscal que combine alivios focalizados con mayor progresividad en la recaudación: evitar financiar medidas con recortes previsionales o salariales que erosionan demanda agregada. Tercero, reforzar monitoreo de cadenas de valor y control de márgenes en alimentos y combustibles para identificar traslados injustificados. En materia monetaria, la comunicación y anclaje de expectativas siguen siendo cruciales: el REM del BCRA promedia pronósticos de marzo en torno al 3% (REM, BCRA), lo que hace urgente una estrategia que combine apoyo al ingreso con señales claras de política para evitar que la inflación se asiente en salarios y precios relativos.
En breve, el 3% de marzo en CABA no es un número aislado; confirma una pauta inflacionaria que golpea al consumo y al empleo y exige respuestas focalizadas, progresivas y transparentes. Además, conviene recordar la dimensión de género: las subas en la canasta básica y los servicios aumentan la carga sobre las mujeres, que sostienen mayoritariamente las compras y el trabajo de cuidado en los hogares. La política debe responder en consecuencia para evitar que la inflación profundice desigualdades y deteriore el mercado interno que sostiene la demanda.