Distintas consultoras estiman que la inflación de mayo rondó entre 2,1% y 2,4% mensual; si se confirma, el acumulado enero-mayo sería 14,7% y la variación interanual estaría cerca de 33% (según iProfesional, que releva a Libertad y Progreso, Eco Go y C&T). Esta nota analiza qué hay detrás de esa leve baja, quiénes la sienten y qué políticas harán sostenible la desinflación sin transferir el costo a los más vulnerables.
¿Qué dicen los números de mayo?
Vemos cierta convergencia entre consultoras pero con matices: Libertad y Progreso estima 2,1% mensual en mayo (iProfesional), Eco Go proyecta 2,4% y C&T reporta 2,2% para el Gran Buenos Aires (iProfesional). El REM del Banco Central había anticipado 2,3% para mayo en su relevamiento previo (BCRA – REM). Si se confirma el 2,1% de algunas consultoras, la inflación interanual treparía desde 32,4% en abril a alrededor de 33,2%/33,3% en mayo (iProfesional/C&T), porque la comparación anual incorpora meses con distinta dinámica. En la composición, alimentos y bebidas aumentaron 3,3% en mayo y aportaron 0,8 puntos porcentuales al índice; dentro de ese rubro, verduras subieron 27% y panificados cerca de 2,5%, mientras que la carne se moderó con 1% (iProfesional/C&T). Estos números muestran que la desaceleración es frágil y heterogénea.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Observamos que la calma cambiaria y un apretón monetario del BCRA son factores centrales detrás de la menor inflación mensual señalada por las consultoras (iProfesional). El artículo también destaca que la «ancla fiscal» y la estabilidad cambiaria han ayudado a contener traslados de precios, y que la ausencia de vencimientos de deuda inmediatos hace que junio sea relativamente «sencillo» para sostener la paz cambiaria (iProfesional). No obstante, hay riesgos: aumentos internacionales de petróleo por el conflicto en Medio Oriente pueden presionar combustibles y transporte, y algunos analistas advierten que la quita de subsidios en servicios básicos afecta más a hogares de ingresos medios (iProfesional). En términos distributivos, la aceleración de alimentos —3,3% en mayo— golpea con mayor intensidad a los sectores de menores ingresos, reduciendo poder de compra y poniendo en cuestión la sustentabilidad de una desinflación centrada solo en anclas macro.
¿Qué política hace falta para consolidar la baja sin descargar el ajuste sobre salarios y jubilaciones?
Desde nuestra perspectiva, no se puede financiar la estabilización recortando jubilaciones o salarios: eso empeora la demanda interna y profundiza la desigualdad. Proponemos, como hemos sostenido, un uso focalizado del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para atenuar el ajuste temporalmente y un reempadronamiento de programas sociales para eliminar fugas y priorizar transferencias a quienes más lo necesitan. Los números de alimentos (3,3% en mayo) muestran que medidas focales sobre precios regulados y subsidios temporales bien dirigidos son preferibles a recortes generalizados. Además, la política monetaria y la gestión cambiaria deben mantener coherencia con políticas que sostengan el empleo: la industria y el salario real son motores de la demanda. Finalmente, advertimos que la desinflación aún depende de factores externos —precios energéticos internacionales— y de decisiones internas sobre tarifas y subsidios (iProfesional); por eso las soluciones deben combinar anclas macro con protección social y políticas productivas.
Concluimos que la desaceleración de la inflación en mayo es una buena noticia, pero no basta. Sin medidas distributivas y sin preservar ingresos, la baja puede convertirse en una trampa: estabilidad nominal con más precariedad real para amplios sectores de la población.