La inflación de febrero pegó más en la base de la pirámide: el decil de menores ingresos tuvo una suba mensual de precios de 3,3% mientras que el decil más pudiente registró 2,9%, de acuerdo con el informe de Empiria Consultores dirigido por Hernán Lacunza. En paralelo, el INDEC consignó una inflación general de 2,9% mensual, un acumulado bimestral de 5,9% y una interanual de 33,1% (INDEC). Este dato resume por qué la coyuntura inflacionaria sigue siendo también un problema distributivo.

¿A quién golpeó más la inflación de febrero?

Vemos que la regresividad de febrero se explica por la composición del gasto de los hogares. Empiria calcula que el decil más pobre destinaba 32% del gasto a alimentos en 2017/2018, frente a 16% en el decil más rico (Empiria, basada en ENGHo 2017/2018). En febrero, los rubros que más subieron fueron Vivienda y electricidad 6,6% y Alimentos 3,3% (INDEC y Empiria). Por eso, aunque la inflación general fue 2,9% según el INDEC, el impacto sobre el consumo de los hogares más vulnerables fue mayor, resultando en 3,3% para el decil más bajo según Empiria. Además, Empiria señala que la inflación núcleo trepó a 3,1% en febrero, desde 2,6% en enero, lo que indica una presión subyacente más amplia sobre precios que suele golpear el poder adquisitivo. Este patrón no es uniforme en el tiempo: Empiria muestra que, desde 2018, la brecha acumulada entre los hogares más ricos y más pobres rara vez superó 1%, aunque desde noviembre de 2023 la acumulada fue levemente superior para los hogares de mayores ingresos (Empiria).

¿Por qué los pobres sufren más y qué rubros explican la diferencia?

La raíz del problema es la estructura del gasto. Empiria, usando la ENGHo 2017/2018, sostiene que los hogares del decil más pobre destinan 18% a vivienda y tarifas eléctricas versus 12% en el decil más rico, y 32% a alimentos contra 16% en el decil más rico. En febrero, vivienda y electricidad subieron 6,6% y alimentos 3,3% (INDEC), por lo tanto los incrementos pesan proporcionalmente más sobre los bolsillos vulnerables. A esto se suma que los precios regulados tuvieron un salto mensual de 4,3% según Empiria, algo que incide de forma directa en la composición del gasto de los sectores populares. La inflación núcleo de 3,1% (Empiria/INDEC) muestra que no se trata solo de cambios transitorios en alimentos o tarifas: hay una dinámica de precios subyacente que erosiona ingresos. El hecho de que la inflación bimestral de 5,9% sea 1,2 puntos mayor que la del mismo bimestre de 2025 (INDEC) refuerza la idea de que la presión sobre los hogares vulnerables no es coyuntural menor sino sostenida.

Qué políticas son necesarias: consolidación fiscal con redistribución y protección social

Acorde a nuestra posición editorial, apoyamos la consolidación fiscal que no se financie con recortes previsionales ni salariales y exigimos medidas productivas y progresivas para proteger empleo e industria. El diagnóstico empírico obliga a combinar tres líneas: 1) anclar ingresos reales de los más vulnerables mediante actualizaciones automáticas y focalizadas de transferencias y jubilaciones, 2) controlar precios regulados con compensaciones fiscales temporales para sectores sensibles y 3) impulsar medidas de oferta que no destruyan empleo, como créditos a la producción alimentaria y subsidios a empresas que mantengan empleo. Empiria proyecta que la inflación 2026 podría mantenerse en torno al 30%, lo que refuerza la urgencia de políticas estables y previsibles. Además, es imprescindible buscar ingresos más progresivos y estables para la consolidación fiscal, por ejemplo revisando exenciones regresivas y avanzando en impuestos sobre rentas extraordinarias, en lugar de ajustar salarios o jubilaciones, que agravarían la destrucción de demanda y del empleo que tanto nos preocupa.