La jueza del Distrito Sur de Manhattan, Loretta Preska, avaló reuniones entre representantes de la Argentina y los abogados del fondo Attestor para negociar un pago que rondaría los US$600 millones, derivado de demandas que perduran desde el default de 2002 (según Carlos Burgueño, 15/3/2026). Esta decisión vuelve a poner al país en una cancha donde el adversario legal tiene ventaja estructural y una historia de victorias judiciales.
¿Qué pasó y por qué importa?
Vemos un caso que no es aislado, sino la consecuencia del Juicio del Siglo y de demandas truncas que quedaron fuera de los canjes. El texto de la nota recuerda que el conflicto arrastra 18 años desde las primeras presentaciones, que en 2016 terminaron costando al país casi US$9.000 millones en acuerdos y litigios conexos, y que el conjunto de reclamos vinculados puede alcanzar unos US$9.600 millones en montos finales (según Carlos Burgueño, 15/3/2026). Además, la causa volvió a activarse luego de un fallo de Preska en febrero de 2025 que favoreció a Attestor, lo que explica la orden de negociación. Para el lector: no se trata solo de abogados y tribunales; es dinero concreto, precedentes legales y un riesgo reputacional que sigue generando costos.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Observamos tres canales de efecto. Primero, la presión sobre el tipo de cambio: un compromiso de pago en dólares crea demanda de divisas que, si se financia con reservas, puede alimentar dudas sobre la sostenibilidad del stock de reservas del BCRA. Segundo, el riesgo país y la prima de riesgo: cada victoria judicial que obliga a negociar en Nueva York recalienta las señales que miran los inversores institucionales y puede traducirse en mayores costos de fondeo. Tercero, la credibilidad fiscal y monetaria: la historia muestra que controversias de este tipo terminaron implicando desembolsos masivos, como los casi US$9.000 millones vinculados al cierre del conflicto en 2016, y eso altera expectativas. En suma, el mercado valora la certidumbre; las negociaciones bajo presión judicial la reducen.
¿Qué debería hacer el Gobierno?
Vemos que hay margen para una estrategia que minimice daños sin recurrir a atajos que luego paguen los argentinos. Primera regla: negociar con transparencia y publicar términos y montos de cualquier arreglo, para evitar rumores que amplifiquen la brecha cambiaria. Segunda regla: no permitir que las compras o ventas de moneda del BCRA se usen como financiamiento encubierto del Tesoro; respaldamos la acumulación de reservas solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto (posición editorial). Tercera regla: evaluar instrumentos de pago que protejan reservas —por ejemplo, cronogramas, garantías de activos no monetarios o swap entre acreedores— y priorizar la gestión de deuda con datos públicos. El antecedente de 2016 muestra que el costo fiscal puede ser muy elevado si no se gestionan bien los procesos.
En definitiva, esto es más que un litigio entre abogados: es un termómetro de nuestras fragilidades externas. El país tiene obligaciones legales y también límites prácticos para pagarlas sin dañar tipo de cambio, reservas y crédito futuro. Negociar es necesario; cómo se negocia define si la solución reduce o amplifica el problema.