El staff técnico del Fondo Monetario Internacional cerró un acuerdo técnico con el Gobierno, pero dejó explícito que el desembolso al Directorio dependerá de “medidas pendientes” que deben implementarse antes de la votación final. Según el comunicado del FMI y el texto del SLA, el objetivo operativo exige incrementar las reservas netas en al menos USD 8.000 millones en 2026 y compras del BCRA por no menos de USD 10.000 millones en el año.
Qué pidió el FMI y qué falta
El staff técnico detalló exigencias en cinco frentes: monetario, fiscal, externo, financiamiento y estructural. En lo monetario, reclamó “medidas iniciales para contener la volatilidad de las tasas y mejorar la transmisión” y avanzó que el objetivo final es la “ampliación de las bandas cambiarias”, según el comunicado del FMI. En lo fiscal, el programa ratifica la meta de déficit cero y un superávit primario del 1,4% del PIB para 2026, de acuerdo al texto del acuerdo técnico.
El Fondo añade un diagnóstico macro: en su WEO más reciente proyectó un crecimiento de 3,5% para Argentina en 2026 y una inflación anual de 30,4%, cifras que representan un empeoramiento respecto a pronósticos anteriores, según el WEO del FMI. Esas proyecciones explican la cautela del staff antes de elevar el expediente al Board.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
La exigencia de compras de reservas por USD 10.000 millones en 2026 y la meta neta de USD 8.000 millones obligan a preguntarse por la mecánica de acumulación. Si las compras dependen de ventas de activos, entradas de capital genuino o superávit comercial, aumentan la credibilidad. Si implican monetización indirecta del Tesoro, amplían el financiamiento encubierto y tensionan la política monetaria.
Vemos dos riesgos inmediatos: una mayor presión sobre la brecha cambiaria si se percibe atraso en la liberalización de bandas, y correcciones en la curva de bonos si el mercado interpreta que el BCRA financia al Tesoro. Además, el calendario apura: hay un vencimiento con el FMI por USD 805 millones en mayo que, según el comunicado, debería resolverse antes de esa fecha para evitar tensión adicional en reservas.
La presión política de EE. UU. y el riesgo electoral
El respaldo estadounidense aparece en la narrativa pública: fuentes citadas por Perfil reproducen declaraciones de funcionarios de la administración norteamericana que valoran la “acumulación diaria de reservas” y apoyan el programa. Sin embargo, el staff del FMI percibe esa presión política y prefiere que la aprobación pase por el Board, donde se librará el debate final.
Ese factor calienta el timing: la Casa Blanca, según fuentes en Washington, busca éxitos externos de corto plazo en un año electoral. Para nosotros, la política internacional puede facilitar acceso a financiamiento, pero no debe sustituir la solvencia técnica del programa. El Board del FMI, por su parte, tendrá que evaluar si las medidas pendientes son operativas o meramente simbólicas antes de aprobar el desembolso.
Conclusión: qué pedimos y qué debe exigirse
Respaldamos la acumulación de reservas del BCRA solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro. La exigencia del FMI de USD 8.000 millones netos y compras por USD 10.000 millones (según el SLA) solo será creíble si se acompaña de extensión de plazos de deuda y anclas fiscales verificables.
Por tanto, pedimos tres pasos concretos: 1) transparencia total sobre las operaciones de compra de reservas y su origen; 2) extensión de vencimientos de deuda para reducir apremios de corto plazo; 3) mecanismo de salvaguarda que impida transferencias fiscales encubiertas desde el BCRA. Sin esos elementos, la presión política externa —por valiosa que sea— no alcanza para sostener la confianza de los mercados ni la estabilidad cambiaria.