La escalada en Medio Oriente está empujando al alza los precios de la energía y complica la baja de la inflación en Argentina: el estrecho de Ormuz, por donde circula un alto porcentaje del petróleo mundial, vio una caída cercana al 95% del tráfico desde el 28 de febrero, según la BBC.

El panorama internacional y sus canales de transmisión

En pocas semanas el mercado global reconfiguró expectativas: la posibilidad de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal se redujo, los rendimientos de la deuda pública subieron y el dólar ganó más del 6% en las últimas semanas, según reportes de mercado citados por Ámbito. Ese mix —mayor precio del crudo, tasas norteamericanas más altas y aversión al riesgo— transmite rápidamente a economías emergentes vía dos canales: el costo directo de la energía en la inflación PCE e IPC y el efecto sobre la curva de tasas que encarece el financiamiento externo. Además, como señaló Juan Manuel Franco de Grupo SBS en Ámbito, la incertidumbre fiscal en Estados Unidos y la escalada en Medio Oriente limitan aún más la posibilidad de relajación monetaria en la parte larga de la curva.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

En el frente doméstico aparecen señales mixtas: según Ámbito, el BCRA logró acumular u$s485 millones en las últimas jornadas, mientras que el índice de precios mayorista marcó su menor suba desde mayo del año pasado, también reportó el medio. Sin embargo, las petroleras ya aplicaron aumentos de hasta 16% en combustibles, y el artículo advierte que un barril sostenido en torno a u$s90–100 podría volver a empujar el IPC hacia niveles cercanos al 3% mensual. En lo cambiario, la demanda por cobertura y la fuga al dólar escalada por riesgo externo elevan la probabilidad de mayor volatilidad del tipo de cambio y encarecen la colocación de deuda para el país.

Implicancias para el tipo de cambio y el acceso a financiamiento

En un escenario global de “risk-off”, emergentes como Argentina sufren dos consecuencias claras: presión sobre la cuenta financiera y una prima de riesgo más alta que complica salir a los mercados. Para 2027 el Gobierno enfrentará vencimientos por hasta u$s23.000 millones, según estimaciones de GMA Capital, que incluyen pagos de capital y desembolsos al FMI por alrededor de u$s3.000 millones. En lo inmediato, la Secretaría de Finanzas dijo que cubrirá parte de los vencimientos con financiamiento local, pero a mediano plazo la estrategia deberá adaptarse si persisten las tasas globales elevadas. Vemos que la acumulación de reservas del BCRA ayuda a dar margen, pero su utilidad dependerá de que sea genuina y transparente y no esconda financiamiento del Tesoro.

Qué deberían hacer las autoridades

Las autoridades tienen tres prioridades prácticas: 1) Transparencia y reglas claras en la acumulación de reservas: respaldamos el aumento de reservas solo si no equivale a financiamiento encubierto del Tesoro y si está documentado en el balance del BCRA. 2) Mantener la independencia del Banco Central para que las decisiones monetarias no sean rehén de necesidades fiscales, lo que reduce credibilidad y eleva la prima de riesgo. 3) Preparar una combinación de ajuste fiscal gradual, focalización de subsidios y herramientas para proteger liquidez pyme y los hogares más vulnerables, evitando controles de cambio que suelen generar mayores distorsiones. Además, la estrategia de deuda debe considerar el horizonte electoral y la necesidad de diversificar plazos y fuentes para cubrir los u$s23.000 millones previstos en 2027 (GMA Capital). En síntesis, el shock externo por el petróleo complica la desinflación; la respuesta debe priorizar credibilidad fiscal y monetaria, no atajos contables.